20 de Septiembre de 2018

Opinión

Los otros roedores del flautista de Hamelin...(2)

Es cierto que los niños que desde temprana edad viven en un entorno con diversidad musical, logran en su vida adulta, un mayor criterio.

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En ocasión anterior platicamos sobre los mitos y las verdades de cómo las frecuencias, armonías y ensambles afectan directamente el comportamiento de algunos animales y el ser humano, ahora platicaremos un poco sobre nosotros y cómo lo procesamos.

Desde el origen de las notas, donde al ser emitidas o ejecutadas por un instrumento o proceso electrónico, y con el fenómeno físico del viaje de las ondas a través del aire como medio elástico de transmisión y la recepción en nuestros oídos, para ser interpretadas y decodificadas por nuestro cerebro, las frecuencias de las mismas y sus combinaciones o arreglos musicales, logran una serie de respuestas físicas y biológicas, sumado a la sensación de nuestra piel al convertirse en receptor, por ser el órgano más grande de nuestro cuerpo, y el cómo interpretamos de forma individual  tal información tiene un sinnúmero de variantes… aun siendo la misma.

Si bien es cierto que algunos géneros musicales son agradables para la mayoría de la gente, existen varios también, que no pueden ser ni asimilados por ciertos perfiles de personas;  normalmente y con el desarrollo del ser humano, desde su nacimiento, va incrementando la habilidad de interpretar, y cada vez más, música compleja… aunque esto en algunos individuos no sucede.

Se ha comprobado que la música de culto como la clásica, por su complejidad, para la gente que sólo tiene contacto desde su niñez con “easy music”, a una edad avanzada no logra entender o disfrutar arreglos con orquestación sobria y, por lo mismo, se niegan a consumirla… esto no es por cuestión de gustos, es por capacidades no desarrolladas en su crecimiento.

También es cierto que los niños que desde temprana edad viven en un entorno con diversidad musical, logran en su vida adulta, un mayor criterio y respaldados argumentos con respecto a “lo bueno y lo malo” musicalmente hablando.

Cuando la educación musical a edad temprana es muy escasa y pobre (esto no significa que sea de índole económica) la capacidad de diferenciar la calidad y el nivel de música que pueda enriquecer su vida es muy corta. Y es cuando un grupo considerable de gente prefiere la música de consumo popular y hasta de muy baja calidad.

Esto da como resultado consumidores que defienden, sin argumentos, por ejemplo en nuestro país, productos tan básicos como los tan mencionados tribal o reggaetón, por mencionar algunos… y es donde nuestro flautista, logra su cometido.

¿Queremos crecer intelectualmente? Escuchemos música con buenos “nutrientes”, de esto hablaremos en la siguiente entrega… mientras tanto… Groove on! 

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