19 de Octubre de 2018

Opinión

Los problemas son oportunidades

La vida del médico es un apostolado constante, es un dejar de vivir para vivir por nuestros semejantes.

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Este 23 de octubre se festejó el Día del Médico. Deseo por este medio enviar un saludo fraternal a todos los médicos del país y muy especialmente a los de Yucatán.

He cumplido este año 41 años en el ejercicio de la profesión de médico, y siento que cada día tengo que dar más, estudiar más y servir mejor.

La vida del médico es un apostolado constante, es un dejar de vivir para vivir por nuestros semejantes. Es un privilegio el que Dios nos concedió el ser médicos, pues puso en nuestras manos el poder de curar, de salvar vidas, de quitar el dolor, así como el de ayudar a nuestros semejantes con un amor incondicional.

Comparto con mis hermanos médicos los siguientes conceptos de la vida del médico, y siento que resumo en una forma sencilla y humana... la vida del médico:

“Querido Médico haz el bien que no hace ruido, es el que más ayuda a la humanidad. Pon nobleza en tus acciones y con tu ciencia transmite amor, compasión y salud. Siendo imán que atraiga a Dios, ya que con tu persona Él realizará milagros.
Haz una cruz de amor y de un amor hecho cruz, que redima al hermano en la enfermedad y salve al moribundo de las garras de la muerte.  Sé una fuente de luz y alegría, que llene corazones e inunde a las almas. Que al realizar tu trabajo, aun en la adversidad, sea una rosa que cause admiración por florecer entre las espinas del sufrimiento, del dolor y de la muerte. Esfuérzate en transformar lo divino en lo humano, pues tú eres un hacedor de milagros con tu sonrisa, tu ciencia y con tu amor.

Esto es lo que tú, hermano médico, puedes lograr con tu persona, si te conectas con Dios, ejerciendo tu apostolado, siendo servicial, amable, gentil y compasivo. Que cuando toques a tu paciente, sienta la mano de Cristo realizando milagros.  Pues en tu persona muchas veces Dios se humaniza.

Cuántas veces has salido de una mañana exhausto y entrar en una tarde complicada, para no dormir en la noche; pues las urgencias piden tu entrega. Cuántas veces has tenido que ser fuerte para luchar contra la muerte y salir... ¡derrotado!, llevando en la frente el estigma de que no eres mejor porque te alaben, ni peor porque te insulten. Cuántas veces el sufrimiento de tu paciente te ha hecho llorar y empiezas a desfallecer, pero con la fuerza de la oración, lograste salir adelante. Aunque muchas personas te han pagado con la ingratitud, el insulto y la crítica, tu has seguido sirviendo; pues sabes que el servicio es tu apostolado y tu profesión es una entrega.

No desfallezcas en tu lucha por la salud, el estudio y la cultura. Sigue siendo médico de cuerpos, pero también de almas, pues ahí es donde más puedes ayudar a tu paciente.  No esperes el aplauso de los hombres, es mejor la gratitud de Dios.

No te dejes corromper por la fama y el dinero, son dos amigos engañosos que pueden desviar tu apostolado y hacerte un comerciante de la salud. Sé presencia viva de Dios en la tierra y encarna a Cristo en hacer milagros. Tienes en tus manos el don de volver divino lo humano y transformar lo imposible en realidad.

Hay que ser médicos no sólo de cuerpos, sino también de almas. Pues muchas veces el cuerpo espiritual esta mas dañado que el cuerpo físico. Sé médico de cuerpos y almas para dar salud, alegría, bienestar y engendrar el amor de Dios en tus pacientes.

Pidamos hermanos médicos al Señor que sea luz en nuestros conocimientos profesionales; amor en nuestros esfuerzos; y vida en la salud de los enfermos; que santifique nuestro trabajo y haga digna nuestra profesión”.

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