16 de Noviembre de 2018

Opinión

Los verdaderos discapacitados

Hablamos de un sinfín de actitudes agresivas contra la gente vulnerable.

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Ahora que una amiga, por problemas de salud, usa silla de ruedas, ha tenido algunas experiencias desagradables; los estacionamientos para discapacitados ocupados por “gente sana”, un grosero empleado de una empresa telefónica que se negó a atenderla pues los sábados no atienden discapacitados. Hablamos de un sinfín de actitudes agresivas contra la gente vulnerable que ya de por sí vive en una ciudad diseñada para el ciudadano “estándar”.


Mi hermano -que sufre discapacidad intelectual- fue despedido con muy malas maneras de su trabajo. Todo inició con “pequeñas” agresiones: no le permitían usar las llaves de agua, él tenía que subir y bajar agua del tinaco para realizar sus tareas como afanador. El resultado es una lesión en su espalda, fue al médico y regresó a trabajar al día siguiente.

El guardia de la empresa le negó la entrada, argumentó que ya habían contratado a otra persona. Mi hermano regresó a casa deprimido y muy asustado. El jefe de recursos humanos -y un acompañante- llegó a casa de mi mamá, amablemente expresó que no quería despedir a mi hermano, pero traía los documentos listos para que firmara su renuncia a cambio de una cantidad mínima, muy por debajo de lo que le corresponde por dos años de servicio.

Mi hermano aceptó firmar su renuncia a cambio de una hoja en blanco que le hicieron firmar al contratarlo. Eso fue la gota que derramó el vaso, además del maltrato laboral, discriminación, liquidación económica injusta y agresión verbal, habían hecho firmar a mi hermano un documento en blanco.

Al indagar, me entero que ésta es una práctica común de algunas empresas: para el contrato de empleo es condición firmar una hoja en blanco o una renuncia. En esos momentos uno invoca a la comisión de derechos humanos e instituciones afines. Por fortuna mi hermano no está solo, estos patanes creyeron que al ser un discapacitado que vive con su madre, podrían ir a su casa, intimidarlo, aventarle unos pesos y hacerle firmar.

Nunca pensaron que estaría toda la familia esperándolos, que ninguna de nosotras tiene la menor duda en aclararles: mi hermano no es un discapacitado, el mercenario que quería pisar sus derechos sí lo es: un discapacitado de humanidad. 

Espero que esa empresa  integre a sus políticas laborales un trato digno a sus empleados y disminuya sus acciones discriminatorias contra las personas con capacidades diferentes, ellos pueden desenvolverse bien en ciertos empleos ¿Acaso creen que sólo pueden ser limosneros?. 

Espero que la “gente sana” sea más generosa y comprensiva con los que por una u otra razón no encajan en el ciudadano “estándar”.

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