18 de Enero de 2018

Opinión

Los viajes del cuerpo

El cuerpo de un actor sólo está en su contra si no está entrenado, si no ha descubierto sus capacidades expresivas.

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Salgo de ver una obra donde los desnudos, escenas homosexuales y la estimulación auto erótica generan polémica. Pienso en lo complicado que resultó para una chica vivir el proceso de un semidesnudo en mi última obra: ansiedad, justificaciones,  bloqueos, crisis, infantilismo, abandono del personaje y de la relación de trabajo.

Sé que los procesos artísticos remueven sentimientos añejos en quienes los experimentamos, en el mejor de los casos nos dan la oportunidad de  revisitar esos tiempos complicados y exorcizarlos para siempre. Reencontrarnos con el monstruo que alguna vez nos inyectó el miedo que arrastramos por la vida, pero, esta vez, ganarle la partida.

O seguir alimentándolo día tras día. El aprendizaje para mí fue la llegada de la bailarina Verónica Castillo, interpretó las escenas en desnudo total y jamás cuestionó ni convocó infiernitos: llegó a interpretar su personaje de manera total.

Entiendo que no todos somos iguales y, en esa fortuna, hay artistas que ponen toda la carne al asador y quienes nada más se limitan a hacer como que hacen. Sé que en algunas escuelas de teatro exploran los desnudos como algo natural en el proceso de formación y conozco actores que se quitan la ropa a la menor provocación, generando descontento en el público que argumenta: desnudo injustificado. 

Creo que vivimos bombardeados por imágenes que todo el tiempo aluden a la sexualidad, las redes sociales nos permiten mostrar con descaro nuestros mejores escotes y minifaldas. ¡Pero el teatro! A decir de algunos el teatro no está para eso. El teatro es otra cosa. Yo creo que cuando asumes un personaje tienes que vivirlo de punta a punta, con cada uña y cada cabello.

El cuerpo de un actor sólo está en su contra si no está entrenado, si no ha descubierto sus capacidades expresivas. Entiendo que para algunos el teatro es pura risa y felicidad. Voy aprendiendo a respetar eso, pero no creo en los artistas blandos e incapaces de levantar la voz, reconciliarse con el cuerpo, amar a su personaje y ponerlo a fuego vivo en la escena.

Los viajes del cuerpo en el escenario son iluminadores si tenemos actores conscientes de su físico y la evidencia de éste en el escenario. ¿Qué actor no se pone a dieta para lucir increíble en las fotos o en la obra? ¿Eso le va al personaje?

¿Le sirve?  ¿O será que en lo que menos piensan es en su personaje? Estamos rodeados de “cuch” modelos de portada -de Facebook-, veo mucho de eso, pero de actores, poco. Valga mi felicitación a todos los actores de Carretera 45 teatro,  Verónica  Castillo y Abraham Jurado por atacarnos con sus desnudos, con su carne erizada y plena; por hacernos vivir el teatro.

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