18 de Julio de 2018

Opinión

La lucha diaria

El sentido que a la vida dan las religiones tradicionales se encuentra en buena medida muy alejado de la visión existencialista...

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Para los existencialistas el ser humano es arrojado a la vida, vive en libertad pero nace sin haber tenido otra opción, está condenado a la existencia, afirman que no existe razón alguna para existir, el ser humano se topa con una vida que no pidió, se encuentra también condenado a la libertad y la ejerce dándose forma a sí  mismo a través de sus actos y decisiones; no hay una esencia de lo humano, sino que cada uno de nosotros, a partir de los actos de nuestra  existencia, acabamos definiendo nuestra propia esencia.

Arrojados al mundo, condenados a la libertad, trabajando angustiosamente en crear nuestra propia esencia, nos acabamos enfrentando a la angustia interior a partir de la comprensión de lo absurdo de la existencia; si no existe realmente una esencia de lo humano, nada está determinado. Es entonces un absurdo pensar en la existencia de Dios, vivimos condenados a una vida de libertad sin razón, sin esencia y en medio de la angustia de no comprender qué y quiénes somos.

Buena parte de esta tan oscura mirada a la existencia humana llevó a varios de estos filósofos a optar por el suicidio, convencidos de la inutilidad de la vida y condenados a luchar por entenderse y al mundo que los rodeaba.

El sentido que a la vida dan las religiones tradicionales se encuentra en buena medida muy alejado de la visión existencialista, sin embargo algo que comparten las religiones tradicionales, el existencialismo y otras visiones filosóficas es el sentido de la lucha diaria, en todas estas diversas maneras de entender la vida y al ser humano; el sentido de la lucha cotidiana se preserva; aun en el budismo que promueve la renuncia como forma de encontrar la paz interna, la lucha diaria se ve representada en desarrollar lentamente y día a día la capacidad de renunciar a todo, no poseer ni ser poseído por lo que nos rodea.

Alejándonos de la oscura visión que tienen de lo humano los existencialistas, es posible afirmar que la vida realmente es bella, pero no necesariamente es fácil; de hecho la vida de cada uno de nosotros de manera general se encuentra repleta de dificultades, dolores, enfermedades o soledades, pero la belleza de la vida no se encuentra en que sea sencilla, cómoda o únicamente adornada con la alegría, sino más bien en toda aquella altísima capacidad de perfeccionamiento que cada uno de nosotros posee. El poder desarrollar armónicamente todas nuestras potencialidades es sin duda el mayor desafío para cada uno de nosotros.

La belleza de la vida no está en lo que es o en lo que sucede, sino en lo que cada uno de nosotros puede llegar a hacer que sea, en lo que cada hombre o mujer puede lograr gracias o a pesar de las cosas que sucedan; en realidad los hombres nos hacemos cada día más plenamente humanos a través de la lucha diaria por ser mejores y por vivir más felices; definitivamente la felicidad no es algo que nos sucede, sino más bien la actitud con la que nos enfrentamos a todo lo que sucede, la felicidad no es un estado del alma, sino una decisión consciente; optamos por la felicidad cuando decidimos que nada en este mundo tiene el poder para hacernos infelices, que si somos infelices es porque así lo hemos aceptado.

Podemos como los existencialistas condenarnos a una vida absurda, sin sentido ni razón, o a través de la lucha diaria darle esa razón y sentido a cada uno de los minutos que podamos vivir. Básico es tener en cuenta que el ser humano está hecho para vivir en comunidad, por esa misma razón es que somos creadores de lenguajes; tenemos que entender que esta vida no es un barco en el que viajamos solos, sino que lo hacemos en grupo, en familia y comunidad. Nadie logrará el objetivo de darle sentido a sus días centrado en sí mismo; la labor es común, entre todos hemos de darle sentido a la vida de todos.

Alguien por ahí afirmaba que lo importante no es tanto lograr el objetivo que pretendes alcanzar en la vida, sino la persona en la que te transformas al intentarlo; siguiendo esta idea se puede decir que lo importante realmente es en quien te transformas a través del proceso de luchar denodadamente por alcanzar tus ideales, realizar tus sueños y perseguir lo que anhelas; el resultado en sí puede ser agradable o no serlo tanto, lo importante es el proceso de perfeccionamiento humano en el que te ves envuelto al trabajar por tu ideal día a día.
  
La dignidad y la felicidad del ser humano no se encuentran en el resultado obtenido, sino en la manera en la que se enfrenta a los desafíos de su vida.

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