24 de Abril de 2018

Opinión

La magia de la vida

Al apreciar el don de la vida vemos lo mejor que hay en los demás y descubrimos la magia, la que siempre está presente a nuestro alrededor

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"Magia es una cualidad o fenómeno  que nos cautiva”.  La vida es algo más que tenerlo todo.- Maurice Sendak, escritor

Cuando nos sentimos cautivados por la vida, cambia nuestra consciencia y sentimos una sensación maravillosa de vitalidad, alegría, esperanza y apertura a las posibilidades. 

Al apreciar el don de la vida vemos lo mejor que hay en los demás y descubrimos la magia. La magia siempre está presente a nuestro alrededor, por ejemplo: admirar la flor, tan efímera, de la pitahaya; acostarse en la arena, por la noche, a la orilla del mar y contemplar con reverencia el cielo tachonado de estrellas; sorprenderse por los colores y formas pintados en el cielo en cada puesta de sol; escuchar el murmullo de las olas del mar al llegar a la orilla y retirarse mansamente, una y otra vez; la magia de amar y ser amado. Es el misterio de la vida en sí misma. Se puede vivir en un estado mágico si nos liberamos de nuestra restrictiva realidad personal y experimentamos el mundo real de forma más directa. Cuando dejamos de preocuparnos y empezamos a prestar atención a nuestro derredor, la magia que gozamos en la infancia vuelve. 

Al poner en práctica la magia de la atención y renunciar a la búsqueda de lo nuevo como: nuevas personas, nuevos lugares, nuevas cosas, redescubrimos, simplemente, que ya lo tenemos todo. El acto de escoger, conscientemente, a dónde dirigir nuestra atención y mantenerla es lo que nos permite disfrutar plenamente. Si leo el periódico, mi atención está allí, leyendo el periódico; si me involucro en una conversación fascinante, en eso estoy, y así sucesivamente. Esto es dejar de vivir en estado de trance mi realidad personal y regresar, hacer contacto con el mundo tal cual es. 

Prestar atención es el primer punto importante para transformar nuestra vida. Nuestra visión y disposición nos llevan al agradecimiento, adquiriendo consciencia de la extraordinaria naturaleza maravillosa de la vida diaria, de un día “normal”.

Saboreamos la secuencia del acontecer cotidiano y sentimos el pulso de la vida en cada conversación, vislumbrando el misterio y el valor de los otros. Podemos empezar a reconocer nuestros sentimientos y a desarrollar mayor consciencia de nosotros mismos y vivir lo que realmente deseamos: amor y serenidad.   

¡Ánimo! Hay que aprender a vivir.

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