18 de Septiembre de 2018

Opinión

Mala

Qué mala se puso Por siempre mi amor, la telenovela de las 16:15 de El Canal de las Estrellas.

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Qué mala se puso Por siempre mi amor, la telenovela de las 16:15 de El Canal de las Estrellas.

Cuando se estrenó, yo juraba y perjuraba que sus responsables iban a repetir el cañonazo de Mi segunda madre, la historia original en la que está inspirada.

¿Por qué? Porque reconocí el espíritu, porque encontré los elementos, porque esta producción tenía todo, absolutamente todo, no solo para triunfar, sino para convertirse en algo tan grande que mereciera, incluso, un ascenso de horario.

Pero no, como que sus cabezas se confiaron, la dejaron ir y el resultado, ahora, es uno de los peores melodramas seriados de todo el espectro de la televisión nacional.

¿Y por qué esta producción de Ignacio Sada (Un refugio para el amor) es mala? Agárrese fuerte, porque no solo le tengo una razón: le tengo muchas.

Es mala, porque lo menos importante de esta historia es Isabel (Susana González), su protagonista.
A Isabel en este momento la pueden atropellar, se la pueden comer viva 400 perros rabiosos de Iztapalapa o le pueden meter un lanzallamas encendido por la boca y da lo mismo. A nadie le importa.

Esto es delicadísimo, porque lo que más deben cuidar escritores, directores, diseñadores de vestuario, editores y productores es a su protagonista.

En este tipo específico de telenovela, si no hay una protagonista única, no hay telenovela. Por siempre mi amor no tiene protagonista, no existe, ¡bye!

Por si esto fuera poco, como que los adaptadores de este melodrama se dividieron la chamba y al dividirse la chamba, como que se lo tomaron muy en serio y jamás la volvieron a juntar.

Por siempre mi amor es un mazacote de subtramas inconexas que pueden vivir perfectamente bien sin verse afectadas y sin influir sobre la trama principal.

¡Esto es terrible! ¿Por qué? Porque no hay un sentido de la unidad, porque algunas subtramas se vuelven más interesantes que otras, porque las subtramas se convierten en un espectáculo mucho más interesante que la trama principal.

Y porque a final de cuentas uno no está siguiendo nada, solo está perdiendo el tiempo.

¿Qué caso tiene aplastarse durante meses a ver, por ejemplo, la subtrama de la viejita motociclista si es 100 por ciento intramuscular, si mañana la ponen, la quitan o simple y sencillamente ya no la sacan? ¡Qué caso tiene!

Hoy hay muchas manera de contar una telenovela. Por siempre mi amor no encaja en ninguna.

Ni es romántica, ni es emocionante ni es chistosa ni es de denuncia. ¿Entonces para qué la sintoniza uno?

Ya no estamos en los tiempos de Mi segunda madre (1989), en donde las audiencias, especialmente la telenovelera, permanecían cautivas en la señal de El Canal de las Estrellas y podía esperar semanas a que sucediera algo con sus melodramas favoritos sin cambiarle a otro lado.

Por lo mismo es desesperante observar esta pieza, porque cuando uno apenas se está interesando en la acción, ¡zaz!, nos meten una transición de tiempo, y luego otra y luego otra.
¡Bueno aquello no va a acabar hasta que todos tengan 90 años! ¡Qué flojera!

Y yo ya no sé qué es peor, si las situaciones que se van planteando capítulo a capítulo, por ridículas y anticuadas, o la ausencia de un trabajo autoral profesional y responsable.

No puede ser que un señor de más de 50 años como Arturo (Guy Ecker) le reclame a su padre haber tenido una amante en el pasado, entre gritos y casi, casi, llorando, como si fuera un niño de ocho años de 1971.
¡No puede ser! ¡Se ve ridículo! ¡Grotesco! El del problema no es el papá, es él. ¡Que lo manden a terapia! ¡Que lo encierren!

¿Esa es la clase de galanes que se supone van a poner a suspirar a las señoras del siglo XXI? ¡No, pues pobres señoras! ¡Mejor miéntenles la madre! ¡Por eso estamos como estamos!

¿A qué me refiero con lo de la ausencia de trabajo autoral? A que todo en Por siempre mi amor sucede en automático.

Aranza (Thelma Madrigal), por mencionarle solo un caso, que es una chica universitaria, rica y culta, se deja engatusar por Javier (Héctor Suárez Gomís), que es un tipo millones de años mayor que ella.

¿Y por qué? Pues nomás, porque sí, porque así tenía que ser, porque si no se clavaba con el tipo se acababa la historia. Por eso.

¡No! ¡No! ¡No! ¡Y mil veces no! Faltó investigación, faltó encontrar justificaciones de altura, faltó involucrar al público. 

¡Faltó todo!

Pero espérese, las razones por las que Por siempre mi amor se está hundiendo no solo son literarias. Es obvio que los actores no están integrados, que no están dirigidos, que no lucen, que están de malas.

Ojo, no estoy diciendo que sean malos. Usted los puede ver en otros lados y ovacionarlos. Aquí, no hay manera ni de soportarlos. No la hay. ¡Pobres!

Conclusión: urge hacer algo de inmediato con Por siempre mi amor. Una telenovela que empezó tan bien no merece haberse puesto tan mal. 

¿O usted qué opina? 

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