17 de Noviembre de 2018

Opinión

Malecón Tajamar: ¿Y ahora qué?

La semana pasada los defensores del Malecón Tajamar demostraron hechos valiosos...

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La semana pasada los defensores del Malecón Tajamar demostraron hechos valiosos: que flora y fauna protegidas no fueron reubicadas antes de los trabajos; que pese a la devastación no todo está perdido, ya que las raíces del manglar permanecen casi intactas, por lo que aspiran reforestar; que la batalla legal es aún impredecible porque les amparan ordenamientos legales superiores, y lo más llamativo, es que pusieron un antecedente en cuanto a movimientos sociales en la entidad. 

Lo que debe resolverse en instancias judiciales y con procedimientos ecologistas no tiene mucho fondo, pero lo que puede trascender debe considerarse con debido cuidado. Porque cuando alguien visita la zona en conflicto y constata el ánimo inquebrantable de los activistas la pregunta brota sola: ¿Y ahora qué sigue?

Muchos de los apostados allí con carpa o cumplen labores en horario específico saben que hay otras áreas verdes por defender, y no solamente en Cancún. Al Malecón llegan seguidores de Puerto Morelos, Solidaridad y Tulum para prestar apoyo o confraternizar en torno a actividades culturales, llevándose consigo una tarea no escrita: luchar por la tierra, los animales y la vegetación. 

Así, no son pocos quienes hoy advierten levantarán la voz en Isla Blanca, en la periferia de Playa del Carmen y en terrenos de Tulum en busca de un objetivo similar al logrado en Cancún, donde los quejosos son escuchados incluso fuera de México. El aprendizaje que de la polémica está quedando puede ser más profundo del aparente a simple vista.

Como en todo movimiento social persiste un riesgo implícito: que se “manosee” más de la cuenta y fracase. Sobre los que dan la cara, dicen, figuran empresarios, abogados y políticos de dudosa reputación, cuyo afán no siempre coincidirá con el de ellos. De hecho, ya han detectado a ventajistas de varios partidos que juran estar ahí como ciudadanos, aunque promueven su imagen o las siglas de su instituto. Algunos fueron corridos del lugar, pero otros han sabido infiltrarse para ganar adeptos.

Y dudo de sus buenas intenciones por sus boletines de prensa, las inserciones publicitarias y sus comentarios en redes sociales, donde fingen encabezar las protestas, adjudicándose logros ajenos. A juzgar por dicho comportamiento, sus pretensiones distan de lo ansiado por quienes se jugaron el pellejo desde el comienzo, cuando fueron hostigados de madrugada por agentes y personas que tomaron fotos a las placas de sus vehículos.

Se podría entender su interés, pero supongo que analizándolo así pocos los apoyarían. A pocos días del inicio formal del proceso electoral, cada paso rodeado de ciudadanos cuenta mucho, aseguran estrategas de la política, aunque para prosperar en temas como estos se requiere orden, respeto, jerarquías, transparencia, información completa, fortaleza mental y, sobre todo, trabajo en equipo. Los que van a pavonearse ignoran estas cualidades.

Lo del Malecón podría marcar un hito en un Quintana Roo donde su gente es calificada “apática”, “desinteresada” e “insensible” en situaciones con tal impacto. Evidentemente empieza a cambiar, pues se ha fortalecido desde diversos ámbitos la identidad, la pertenencia y el arraigo, lo mismo que la importancia de la biodiversidad en nuestros destinos turísticos y el desarrollo sustentable en un estado que no para de crecer.

“Pastelero a tus pasteles”. Los políticos con ambiciones personales pueden desbaratar el incipiente movimiento, porque los ciudadanos podrían perder la brújula y con ello la legitimidad y por tanto la fuerza. 

Por último, una recomendación a los cabecillas: no se tomen atribuciones que no les competen. Un grupo numeroso restringe la circulación en los accesos, facultad exclusiva de la autoridad. Los motivos se entienden, pero no las razones. Es un espacio público destinado al esparcimiento y la recreación, por lo que todos tienen derecho a ingresar. 
Cuiden lo avanzado a la fecha. La causa es noble.

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