17 de Enero de 2018

Opinión

'Mamá' Rosa y la vida en blanco y negro

El maniqueísmo implica mínimos esfuerzos mentales, facilita la visión de lo que nos rodea, aunque sea incompleta, injusta, parcial y prejuiciosa.

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Los seres humanos solemos mirar las cosas en dos dimensiones, en dos colores que ni siquiera son colores, en blanco y negro. El maniqueísmo nos parece cómodo, implica mínimos esfuerzos mentales, nos facilita la visión de lo que nos rodea, aunque esa visión sea incompleta, injusta, parcial, prejuiciosa. Entre menos matices tengamos que contemplar, mejor será: nos quitaremos de encima el tratar de entender con mayor profundidad nuestro entorno; tendremos fórmulas elaboradas de antemano, como cristales bifocales a través de los cuales observaremos todo de la manera menos caleidoscópica posible.

En lo que va del presente siglo, pero en especial de 2006 al presente, los mexicanos nos hemos especializado en ese maniqueísmo confortable y prejuiciado. Paradójicamente, en el sector en el cual se supone que debería campear el espíritu crítico, en el lado izquierdo del espectro político, es donde más se han profundizado los puntos de vista cerrados, bidimensionales, dogmáticos. Para buena parte del progresismo nacional, la vida se divide en buenos (ellos) y malos (sus contrarios). No solo eso: existe de unos años a la fecha una buena cantidad de tópicos que no admiten discusión acerca de quiénes son los héroes y quiénes los villanos.

Por ejemplo, en los medios de comunicación, ya está dictado cuáles de ellos son los malvados y cuáles los puros. También en cuanto a los partidos políticos o los personajes públicos: unos son malos-malos y otros buenos-buenos. No hay para qué pensar, meditar, matizar: el dogma está para ser aceptado, sin discusión o cuestionamientos.

En temas internacionales, desde esa óptica, en Medio Oriente los judíos son los malos y los palestinos los buenos. Hamás es una organización buena porque ataca a los israelíes. No importa que sea terrorista y lance bombas.

Por eso en México, en estos momentos, resulta tan difícil dilucidar si en el sonado caso de Mamá Rosa, la mujer es buena o es mala (claro, como Vicente Fox la defendió, entonces debe ser peor que Cruela de Vil).

En síntesis, los de acá somos unas hermanitas de la caridad y los de allá son unos hijos de puta. Punto.  

http://twiter/hualgami

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