18 de Septiembre de 2018

Opinión

Manejo y almacenamiento del agua (I)

Hasta hace unas décadas había poblados en la península que usaban baldes de cortezas de árbol, a falta de los de lámina galvanizada, atados a cuerdas o sogas.

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La población maya peninsular tiene una larga historia en el control y manejo del agua (ja’ en maya). Desde tiempos antiguos, los principales reservorios naturales de agua para el consumo humano han sido los cenotes (ts’ono’ot), donde confluyen corrientes subterráneas de agua.

En menor medida, han sido las aguadas (ak’alche’), terrenos de poca profundidad y fondo lodoso donde se acumula el agua de lluvia; los ojos de agua (sayab ja’), incluso sartenejas u oquedades en la piedra caliza (jaltun) que se hallan en las inmediaciones de los cerros, en la zona Puuc. 

La extracción del agua en estos reservorios y su transportación implicaba un gran esfuerzo humano colectivo. Se usaban cubos o botes (ch’óoy) elaborados de distintos materiales: cortezas de distintos árboles, labrados de madera (ch’óoy che’), de barro (ch’óoy kat), de cuero (ch’óoy k’éewel), incluso de calabaza seca (ch’óoy leek).

Hasta hace unas décadas había poblados en la península que usaban baldes de cortezas de árbol, a falta de los de lámina galvanizada, atados a cuerdas o sogas.  

Los antiguos mayas también construyeron sistemas hidráulicos destinados al riego o para almacenar agua en períodos de lluvia y utilizarla en épocas de sequía como los ch’ultunes (de ch’uul, húmedo, mojado y tun genérico de piedra), silo o aljibe subterráneo excavado en la roca, usada como base o fondo, paredes redondeadas con el sistema de piedras saledizas, una boca estrecha y una tapa.

La terraza que rodea un ch’ultún tiene un declive en círculo recubierto de estuco, alrededor de la boca, para captar el agua. Por lo general tienen forma de pera, aunque hay en forma de campana, botellón y amorfos con dibujos de ranas y animales acuáticos en su interior. 

Los pozos para localizar agua en el subsuelo se comienzan a perforar artificialmente a mediados del siglo XIX con la ayuda de explosivos, dejando atrás el sistema de norias (sutbil ch’e’en), excavadas a mano.

Los pozos vinieron a cambiar radicalmente la forma en cómo la naturaleza proveía el vital líquido. El modo para sacar agua del pozo siguió siendo manualmente con la ayuda de un carrillo y una soga atada al cubo. Luego vendría la extracción del agua subterránea mediante bombas de turbina que se generalizó hasta la segunda mitad del siglo XX.

La introducción del sistema de agua entubada y/o potabilizada se inicia, al menos en lo sectores rurales, en la década de los sesenta del siglo XX.

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