16 de Octubre de 2018

Opinión

La marcha de las mujeres

Los antisistema que creyeron a Trump antisistema ahora ven a Wall Street adueñarse de Washington como nunca antes...

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Pienso en Janis Joplin mientras veo a Madonna en la Marcha de las Mujeres contra Donald Trump. Los antisistema que creyeron a Trump antisistema ahora ven a Wall Street adueñarse de Washington como nunca antes. Si Obama no pudo o no quiso frenar la especulación financiera y por ello castigaron a los Demócratas, ahora el proletariado racista se ha dado un tiro en el pie. Trump es un blanco, pero es un millonario avaricioso, un especulador sin pudor y sin máscara. Su secretario de Estado es un petrolero de la Exxon, socio petrolero de Vladimir Putin: la KGB que viene desde la tiranía de Iván el Terrible, cuyo retrato en el cine le costó la vida a Sergei Einsenstein. 

Y las mujeres convocan a marchar sobre Washington, como cuando cantó, luchó y murió Janis Joplin. Janis, víctima de bulliyng en su secundaria texana por defender los derechos de los negros y, luego, por cantar como una de ellos. Era “little girl blue” y hoy volvemos al “blue time”. Como entonces, son las mujeres las que convocan y encabezan porque ya demostraron que lo personal es político y la lucha por los derechos de la mujer es la lucha por los derechos humanos.

En los sesentas de Janis Joplin se pasó de “la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases” a la “historia de la humanidad es la historia por los derechos humanos”. Caín mató a Abel no porque fuera su patrón sino porque era más fuerte. Un proletario explotado que vuelve a casa y golpea a su mujer no lo hace porque sea su patrón sino porque se considera su dueño. 

Larga marcha desde tiempos de Janis, pero quienes han ido ganando (apenas en algunos rincones del planeta) el ser dueñas de sus cuerpos, no van a dejar que un gorila anaranjado vaya a meter reversa en triunfos que han costado, literalmente, sangre, sudor y lágrimas. 

Obama y el busto de Martin Luther King en la Casa Blanca ya son historia pasada. Trump y su gabinete de homófobos, racistas, petroleros, integristas, millonarios, misóginos, xenófobos, braveros, iletrados están ahí para bailar “A mi manera” de un Sinatra que nunca les hubiera cantado, porque era pícaro de estilo, no un bravero seguro de que Dios es blanco y le ha manifestado su destino. 

Pero millones de mujeres, que recuerdan la voz desgarrada de Janis Joplin y defienden a los débiles del mundo, inician la marcha.

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