23 de Septiembre de 2018

Opinión

Mario Rivero Leal no quiso ser el número dos

Será difícil ignorar las lecciones de la elección de junio pasado sin admitir que los partidos políticos se han visto rezagados respecto de las demandas de la sociedad. Y no sean suficientes para ganar por sí mismos unas elecciones.

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Será difícil ignorar las lecciones de la elección de junio pasado sin admitir que los partidos políticos se han visto rezagados respecto de las demandas de la sociedad. Y no sean suficientes para ganar por sí mismos unas elecciones.

En estos tiempos abundan los partidos políticos con coaliciones emergentes, que, algunos analistas han llamado profetas de la autoayuda, pregoneros del “primero yo”, con recetas del cambio de líderes irreales y, en definitiva, expertos en motivar el voto con discursos melifluos generadores de irrealidades.

En una apostilla de prensa el político chetumaleño blanquiazul, Mario Rivero Leal, declinó a sus aspiraciones de presidir su partido y rechazó ser el número dos –la secretaría general–, pero con un dejo de amargura anunció su respaldo hacia la candidatura del panista capitalino, Juan Carlos Pallares Bueno.

Como premio de consolación a Rivero Leal le sería entregada la Secretaría General del Partido por su disciplina al sumarse al proyecto de Juan Carlos Pallares Bueno, quien es identificado con el grupo del actual dirigente nacional, Ricardo Anaya Cortés y de una estrecha relación con el ex dirigente estatal del PAN y actual presidente de la Gran Comisión en el Congreso del Estado, Eduardo Martínez Arcila.

Esa es efímera idea, dura menos, mucho menos, que un espectáculo de fuegos artificiales, con sus destellos multicolores muy vistosos, bonitos y hasta deslumbrantes.

Lo que pronto se esfuma para ser un breve recuerdo, porque no es lo suficientemente firme como para soportar la caída de los planes de lo que se había trazado en la mente el panista de marras. Pues él susodicho pretendía ser el dirigente estatal del PAN y ahora prefiere quedarse en la zona de guerra que aunque usualmente sea incómoda, es por la que se da más se ha dado a conocer. 

Sobre todo cuando es como en éste caso, lamentablemente por quienes, dudándolo o no, el anhelo se cree equivocado por los tienen el sartén por el mango. Acucioso Rivero Leal alzó la voz diciendo que la orden vino del gobernador, Carlos Joaquín González, a través del panista Secretario de Gobierno, Francisco López Mena.

Lo notorio en sus actitudes y especialmente en sus declaraciones, el panista del amasijo local, Mario Rivero Leal, como en otros casos, es dominado por la ira y el malestar, lo que desde hace un tiempo iracundo se ha dado a llamar a los otrora liderazgos norteños del PAN en la entidad, que actúan con síndrome estrambótico, suficiente para entender motivos y actos por parte de un exclusivo imperio panista del norte contra embates de marginación manifiestos a los panistas del excluyente sur.

Si Mario Rivero Leal en realidad quiere afrontarse con seriedad en el tema, lo mejor sería poner sobre la mesa la inmediata promulgación como buen feligrés, acatando la doctrina panista, más ahora que el PAN está como adlátere del timonel del barco estatal.

Se repliega el PRI

Se hizo el llamado de unidad en torno de la diadema que orla alrededor del partido tricolor después de las frías cifras de los resultados de las pasadas elecciones con la misma conjunción silenciosa de olvidarlo todo con el tiempo y retornar a las trincheras con la misma incomprensión de los pesares diversos para ahora brindar credibilidad y volver a asirse al poder.

Cuando el desconsuelo de la derrota iba tomando forma, al mismo tiempo  ahora le dan buena entereza y un grado de confianza, en el priismo local se llegó al diálogo de unidad formalizado por sus propios actores que antes abandonaron los pertrechos del combate de calle y se colocaron las premisas de triunfo en puntos suspensivos.

Ante este asombroso viraje de lo anterior escenificado electoralmente, los priistas ahora vuelven con la confianza dispuestos a jugárselo todo por el todo en el 2018. Las consideraciones se dirigieron a asegurar que esta interrupción es el aire fresco necesitado en la maquinaria tricolor para agarrar fuerza ante la golpiza emocional sufrida en el ring de la arena electoral del estadio local, y de los desenlaces en el proceso pasado en Quintana Roo y otros lares.

De lado y atrás quedaron las perspectivas de un ente moribundo sembradas por los resultados en las urnas. Y, ahora, vuelven los planes abrigados de fe y esperanza con las precauciones para resolver lo indignante de la derrota por el uso excesivo de resoluciones equivocadas que en el pasado los dispersó.

La misma semana pasada se vio al presidente del CDE del PRI, Raymundo King de la Rosa, y estimó las expectativas del diálogo de unidad, certificando que la resolución de volver a la confianza de los quintanarroenses es primordial para el PRI.

Los acostumbrados clarividentes embadurnaron las premoniciones con predicciones insalvables. Soldados, hombres y mujeres del ejército tricolor, de pensamiento, palabra y obra, en un acto de contrición a juro aducen, que se entregarán al resurgimiento del priismo con la premisa de volver a obtener la confianza de la gente.

Es una medida excepcional. Probablemente se le da oxígeno al moribundo o podría ser el inicio de una transición concertada, alentada por varios de sus copartiquinos.

Reflexionando que el destino cruel les jugó una mala pasada a los priistas dejándolos en condiciones adversas. Tan cerca del PRI, tan lejos de Dios.

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