19 de Septiembre de 2018

Opinión

Mayo: ¡imposible olvidarlas!

Para poder tener salud física (desde la infancia), social, familiar y laboral, necesitamos de la sensibilidad, actitud de servicio, paciencia y toque mágico que sólo las mujeres y por ende nuestras madres poseen.

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Este mes en lo personal trae recuerdos y anécdotas. Entre muchos están la conmemoración de la gesta heroica de la Batalla de Puebla, el festejo de los maestros y –lo considero más significativo-, el Día de las Madres. Nostálgicamente, me  atrajo vetusto libro empolvado con inigualables poesías. Comprenderán del porqué me embelese con la obra de don Antonio Mediz Bolio, “Mater admirabilis”. 

Cual efecto dominó, vinieron a mi mente aquellas películas del cine nacional de los años 50 a 90 que mostraban al sexo femenino como un objeto o moneda de cambio. ¡Sí!, me refiero a aquel México lleno de chocolate “abuelita”, tequila, pistolas y machismo por doquier. 

Embebido en pensamientos,  se me  nublaron los ojos al sentirme atrapado en más de alguno de mis pasajes de mozalbete, rodeado de seres queridos que al día de hoy se me adelantaron en el inevitable ciclo de la vida que finaliza con la muerte.

Aunque usted no lo crea, aún recuerdo aquellas noches escuchando la radio de “bulbos” en la cocina, que intentaba adormecernos a través del programa del “Chocolate Pérez”, mientras mi madre, después de haber terminado infinidad de actividades, se sentaba frente al televisor en blanco y negro de la sala, esperando que llegara la hora del “Noticiero Yucateco”, cuyo conductor era mi padre.

Qué mujeres: fortaleza, sabiduría y humildad caracterizaban a las madres de antaño. El amor era su refugio y motor, su paciencia e inteligencia los pilares de la institución familiar tradicional. Sería inconcebible imaginar a “Al Capone” , a “Los tres García” o a los “Locos Adams”, sin una madre a quien obedecer sin titubeos. Cómo olvidar que ante la menor contingencia, lo primero que la mayoría de los seres humanos clamamos y anhelamos es la caricia de nuestra madre.

Si bien los tiempos cambian y ninguna época es mejor que otra, sino diferente, no podía dejar pasar en este relato la necesidad de expresar mi más grande admiración por mi madre, doña Mirna,  mi esposa Sheila y  todas ustedes MUJERES, quienes siempre serán el pilar de las familias en este Yucatán del siglo XXI.

Más de uno se preguntará:  ¿y qué tiene que ver el Día de la Madre con esta columna Debate y salud? Mi respuesta ipso facto sería: “mucho”. Para poder tener salud física (desde la infancia), social, familiar y laboral, necesitamos de la sensibilidad, actitud de servicio, paciencia y toque mágico que sólo las mujeres y por ende nuestras madres poseen. Felicidades a mi madre y a todas las madres de este mundo, que soportan la insensatez, soberbia e inmadurez de varones misóginos, faltos de humildad.

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