19 de Septiembre de 2018

Opinión

“Me voy a ir hasta que se me hinchen los h...”

¿Y a Madero se le deshincharán antes o después que el IVA y el ISR acaben con la clase media?

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Bonita frase que se le podría atribuir a los burócratas de la Femexfut que, a pesar de la debacle, se han aferrado al negocio como Granier a su colección de zapatos, como Robero Deschamps a las cuotas sindicales, como Videgaray a la reforma hacendaria. Epíteto provocador que se le podría haber escapado a los líderes magisteriales en su reunión con Osorio Ochong en los tiempos en que parece más difícil pronosticar el resultado de la pelea de Canelo-Mayweather que si la CNTE va o no a aflojar el Zócalo para el Grito. 

Pero no, la frase no salió de una vulcanizadora, sino de la sabia boca del presidente del PAN, Gustavo Madero. Sobresalta el tono, pero también es comprensible: el Papá Panufo está en calidad neurótica nivel magisterial debido a los ataques de los bárbaros jelipistas que quieren sacarlo de su Bizancio blanquiazul. 

Digo, está bien que su paso por la presidencia del PAN se ha extraviado en la Candelaria de los Pactos devenidos en el Pancho por México, y que casi casi está a la altura de estratega de Chepo, pero hay que entender que los calderonistas lo dejaron en una situación más comprometida que la de Vucetich en el TRI. 

Pobre Vuce, antes de que otra cosa suceda que vaya a bailar a una limpia Catemaco. Luego puede pedirle al venerable campeón basquetbolero Gustavo Ayón, que les dé a los ratones verdes una terapia de superación personal. O contratar al diputéibol del Verde Ecologista, Enrique Aubry, para que igual amedrente y amenace a los panameños como hizo con los panistas en San Lázaro por defender a Peña Nieto como ni Eruviel lo hubiera hecho.

Como sea, me parece de pésimo gusto de parte de los jelipistas que intenten derrocar a Madero. Sobre todo cuando mejor se deberían de poner a arreglar los desmanes que dejó el dream team de Calderón. 

De la misma manera en que a Jelipillo se le olvidaron los daños colaterales de su narcoguerra, a ciertos personajes de su staff a los que se les olvidó aclarar dónde dejaron la lana de las recompensas (Maricela Morales), o el millón y medio de libros extraviados en el Conaculta de Consuelo Sáizar. Digo, ni modo que se los haya llevado a Harvard, donde seguro la están estudiando, la Alejandra Sota diría la Vázquez Mota.

¿Y a Madero se le deshincharán antes o después que el IVA y el ISR acaben con la clase media? 

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