18 de Noviembre de 2018

Opinión

Medicina, profesión y/o apostolado

El ejercicio de la medicina es una actividad muy exigente y noble, que requiere de características personales muy especiales para ejercerla cabalmente.

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Un distinguido maestro solía decir que el don de la sanación Cristo se los había regalado  a los apóstoles, y no fue hereditario, por eso el médico  tenía que esforzarse yendo a la universidad, y aunque la práctica de la medicina tiene algo de apostolado, es también una actividad profesional por la que se debe percibir una justa remuneración.

El ejercicio de la medicina es  una  actividad muy exigente y noble, que requiere de características personales muy especiales para ejercerla cabalmente, pues no basta con tener la capacidad intelectual para adquirir los conocimientos y las destrezas, sino también es necesaria una fuerte dosis de generosidad para compartirlos, solidarizándose  con el paciente que sufre los estragos físicos y emocionales de la enfermedad y no siempre es suficiente la sola prescripción de un medicamento, la actitud consoladora del médico puede muchas veces completar el proceso de curación y la buena relación médico-paciente, que se traduce en confianza, es otro ingrediente que contribuye aún más; “la farmacología es ciencia y la terapéutica es arte”. 

La compra-venta de un servicio médico corre el riesgo de convertirse solo en un lucrativo negocio, pues el médico está en una posición de poder ante la vulnerabilidad de la salud o la gravedad de una enfermedad, pero la administración de los hospitales está por encima del médico.

La  adquisición de conocimientos médicos no es garantía de humanismo, pues la naturaleza humana es modificable por el entorno social y éste actualmente demanda una imagen de éxito, que se exprese en recursos económicos y casi siempre en vanidad y soberbia, y el médico no escapa a estas tentaciones; actualmente las especialidades médicas más demandadas por los estudiantes son las relacionadas con la cosmética, que es la industria, después de la guerra,  que más dinero genera en el mundo. 

El médico institucional siempre ha sido  blanco de las críticas por las carencias y los no siempre buenos servicios de la institución, pero ésta no crece al mismo ritmo que el número de los derechohabientes y la masividad de la demanda termina por inhibir hasta la más apostólica vocación médica. 

La malversación del presupuesto para la salud debería tipificarse como delito de lesa humanidad y quien lo cometa debiera ser juzgado por genocidio. 

Aunque todos los médicos aportaran  su capacidad científica y humanística,  el derecho a la salud no podrá satisfacerse plenamente, sin el respaldo de una adecuada infraestructura hospitalaria y administrativa, capaz de proveer los recursos materiales adecuados para brindar los servicios médicos de calidad y de prevención que este derecho demanda, y en esto, la sola vocación, apostolado o humanismo del médico no es suficiente. 

PD. Para el Dr. Francisco A. Laviada A., por toda una vida de entrega generosa y ejemplar a la medicina y a la docencia.

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