18 de Octubre de 2018

Opinión

Médicos de carne y hueso

La gente considera a un servidor de salud como inmune o resistente a las patologías...

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Octubre tiene particular relevancia para los  que nos dedicamos a la medicina. Se le ha destinado a  sensibilizar sobre el cáncer mamario, además tenemos el Día de la Osteoporosis y Día del Paciente Reumático, pero particularmente el 23 celebramos el Día del Médico, que desde 1937 existe en México. Ese día fue fijado para hacerlo coincidir con la creación del plantel de Ciencias Médicas en 1833, antecedente de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México. 

En nuestro medio y desde hace varias décadas, se honra a quienes cumplen y siguen vivos su 50 aniversario de graduados, y se entregan preseas especiales para quienes han destacado por trayectoria. De tal manera que la Facultad de Medicina de la UADY, junto con el Colegio de Médicos de Yucatán, realiza emotiva ceremonia, que enaltece la humildad del galeno. Este año no fue la excepción y de eso dieron cuenta los medios de comunicación.

Por otro lado, me siento algo contrariado conmigo mismo, porque en tan destacadas fechas me he visto victimado por mal respiratorio pulmonar que me impidió –como cada año lo hago-, acudir a tan relevante momento, que clausuraba las actividades del 183 aniversario de la Facultad de Medicina. Eso trajo a mi mente un reportaje en Milenio Novedades, donde expertos exponían “de qué se enferman los médicos”. ¡Acertaste, de todo, como cualquier ser humano!

La gente considera a un servidor de salud como inmune o resistente a las patologías. 

Desafortunadamente la realidad es otra. El doctor tiene en sus manos una vida humana y no puede fallar, pero existen innumerables elementos externos que cada día lo vuelven más vulnerable y muchas veces ajeno a su experta praxis.

Así tenemos tiempos de consulta sujetos a supervisión (el famoso más con menos que tenemos hasta la coronilla, consecuencia de la debacle administrativa del sector salud), carencia de insumos, herramientas en ocasiones obsoletas, inequidad entre demanda y oferta, exposición a nuevas enfermedades infecciosas, resistencia a los antibióticos, sólo por citar. ¡Claro que lo saben las altas esferas! Por favor, pregúntenle a cualquier doliente cómo quienes los atienden hacen milagros con lo que tienen  y como pueden.

Allí están, son de carne y hueso, sacrifican tiempos libres, cual fieles guardianes de tu salud. Externo mi recuerdo a quienes se nos adelantaron y mi felicitación a los actuales próceres del campo de batalla…

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