20 de Septiembre de 2018

Opinión

Medio camino

Peña Nieto hizo un balance de sus 3 años de ejercicio y puso énfasis en explicar cuál es su estrategia para que el país pueda obtener los mejores resultados en la segunda mitad.

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En el marco de la ambigüedad impuesta en la relación entre los poderes Ejecutivo y Legislativo, por el temor del Congreso a reincidir en las conductas reprobables del pasado presidencialista, lo que le impide reconocer, con todas sus consecuencias, la legitimidad del presidente; con la desconfianza de que su presencia en el recinto legislativo pudiera desencadenar una fatal regresión, se llevó a cabo el tercer informe de gobierno de Peña Nieto.

No deja de llamar la atención que aquellos que de manera general insisten en la rendición de cuentas, en este caso se hayan opuesto al informe de gobierno con el argumento, a todas luces falso, de que “no hay nada que informar” y que las críticas que posteriormente vertieron se perdieran en la inercia de los lugares comunes, donde pareciera que lo único importante es manifestar su desacuerdo con quien gobierna, sin poner la mínima atención en la calidad argumentativa.

Negándose a contribuir con sus aportaciones críticas a la discusión pública de los asuntos nacionales, de manera que alguno se dejó guiar por la superficialidad extrema de descartarlo por largo.

No obstante, como se esperaba, en el tercer informe de gobierno, Peña Nieto hizo un balance de sus tres años de ejercicio y puso énfasis en explicar cuál es su estrategia para que el país pueda obtener, bajo las condiciones actuales,  los mejores resultados en la segunda mitad; cuáles son sus propósitos y las ideas centrales que lo guían.

Partiendo de reconocer las dificultades que su gobierno tendrá que enfrentar en el ámbito presupuestal, ocasionadas por el desplome de los precios del petróleo y por la revaloración del dólar ante las principales divisas, propuso rediseñar  la distribución del gasto, haciendo énfasis en el objetivo social de combatir la pobreza a través de la reactivación económica, haciendo accesible con tasas blandas el recurso financiero para los sectores marginados.

Por otra parte, estableció un mecanismo novedoso para dotar de fondos al Estado, sin incrementar los impuestos ni la deuda, mediante la creación de bonos públicos, poniendo al alcance del sector de la población que tiene capacidad de ahorro dichos instrumentos, que ofrecerán mejores rendimientos y que servirán para la construcción de obras de infraestructura educativa y hospitalaria.

Con la claridad en las metas y objetivos, a través de la utilización de medios adecuados, resulta bastante probable que en el trienio que está en el horizonte nuestro país pueda obtener los mejores resultados. Aunque no falten quienes califiquen de optimista la visión presentada por Peña Nieto, lo cierto es que, en mi perspectiva, ella puede ayudar a restituir  la confianza en nuestro país, elemento esencial para superar las crisis.

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