"Meditaciones de cuaresma"

Señor, te busco en la soledad y clamo tu presencia, y al no encontrarte, mi ser queda más solo.

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En esta Semana Santa de la Cuaresma ¿estás buscando a Dios?, ¿vas a colaborar en crucificarlo?, o ¿estás en espera de que Él nazca en tu corazón?

Me permito compartir estas meditaciones que escribimos, para ser reflexionadas en la Semana Mayor de esta Cuaresma: “Señor, te busco y no te encuentro. Te busco en los templos y siento su vacío y a mi espíritu le entra la nostalgia, al buscarte y no encontrarte.

Te busco en los altares y siento el mármol frío, que me entume las articulaciones y... se me congela el alma.

Señor, te busco en la soledad y clamo tu presencia, y al no encontrarte, mi ser queda más solo, naciendo en mi pecho la depresión y la tristeza.

Pero cuando te busco en el servicio con el hermano que sufre, que lo agobia la enfermedad como garra que desangra. ¡Te encuentro!, y mi alma se agiganta, y mi ser palpita de alegría, al sentir tu amor que me transmites, cuando ayudo y consuelo a mis hermanos.

Te encuentro cuando ayudo al prójimo necesitado. Y me hablas tan claro, y me dices que me quieres, que me amas, y te siento... ¡cómo siento tu presencia!. Te presentas como un fuego que da vida y calcina mis penas y destruye mis pesares.

Señor, qué fácil es encontrarte, a veces sin buscarte. Te encuentro en el niño enfermo, que por medio de mis manos tú actúas en curarlo; te encuentro en el que está preso por una condena injusta; en el prójimo que sufre cuando el dolor lo atormenta y no encuentra un alivio a su pena; en la viuda que llora su soledad en la ausencia del amor perdido; te encuentro en el enfermo de SIDA, que por medio de nuestra ciencia tú lo ayudas y reconfortas.

Señor, te encuentro en cada momento cuando sirvo, y me olvido de mi egoísmo.

Te encuentro, y tu amor me quema, sanando mis heridas, reconfortando mi alma, iluminado mi vida.

¡Hay Señor, qué fácil es hallarte! Sólo basta buscarte donde menos pensamos, y ahí te encontraremos”.

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