10 de Diciembre de 2017

Opinión

Memoria sonorense

El cronista José Jesús “El Loco” Valenzuela tenía un humor de los buenos, de los que combinan la seriedad del dato y la informalidad del comentario.

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En febrero de 2015 crucé el país de extremo a extremo, para conocer al cronista de Caborca, ciudad ubicada al noroeste de México, perteneciente al estado de Sonora. Los motivos fueron mis intereses literarios relacionados con lo geográfico, también tenía deseos aventureros de conocer el desierto de Altar. El nombre del cronista era José Jesús “El Loco” Valenzuela. A unas pocas semanas de que finalizara ese año, me enteré que las historias que salían de su boca quedaron sólo en la memoria de los caborquenses. El 2 de diciembre “El Loco” dijo adiós. Mi viaje desde Mérida hasta ese punto valió el esfuerzo.

El día de mi encuentro con el cronista había salido muy temprano de Hermosillo, tomé un camión con dos amigos sonorenses y al llegar a la estación decidimos caminar. Preguntamos sobre la casa del cronista a unos muchachos que vendían fruta, nos señalaron que siguiéramos bajando hacia el centro. Mientras caminábamos supe por qué al lugar lo llamaban “Polvorca”, pues las calles y los autos, estacionados o no, estaban cubiertos de polvo. “Polvo del desierto”, no podía dejar de pensar. Don Jesús Valenzuela nos recibió en su casa, sabía que tendría visitas ese día, así que esperaba nuestra llegada.

La casa, que no era exactamente su casa, fungía como museo de la ciudad, observamos las fotografías y los libros sobre Caborca. “El Loco” nos regaló algunas revistas de la historia regional. Platicamos con un café que también pude haber tomado en Mérida, gracias a esa cadena de tienditas que se extienden en cada rincón del país. Sentados al aire libre grabé sus anécdotas de la ciudad y le pregunté acerca del poeta caborquense Abigael Bohórquez. El cronista tenía un humor de los buenos, de los que combinan la seriedad del dato y la informalidad del comentario.

La manera en que nos contó la batalla de los caborquenses con un grupo de filibusteros norteamericanos en 1857, que deseaban invadir Sonora y anexarla a Estados Unidos, nos llevó a Pueblo Viejo. Ahí se encuentra el templo de la Purísima Concepción, que “El Loco” asegura que conserva rastros de la batalla al haber sido trinchera de los mexicanos. La resistencia salió gloriosa después de días de lucha. Este miércoles fue 6 de abril, fecha en que Caborca celebra la defensa heroica de sus tierras, y entre los cactus alrededor del templo franciscano hizo falta una silueta con sombrero, rodeada de niños de alguna primaria, escuchando la crónica de la fecha recordada.

¡Hasta luego al señor del desierto!

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