23 de Septiembre de 2018

Opinión

Mentir para controlar

Hay más gente buena que mala en este mundo, pero no es posible negar la existencia de aquellos que tan contentos utilizan las artes de la nueva ciencia de la agnotología.

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Agnotología, palabra que, cuando la vi por vez primera, me interesé en entender su significado; es un vocablo hace muy poco acuñado. La palabra proviene del griego agnosis o no conocimiento y logos, que es tratado. En realidad la agnotología está dedicada al estudio de los actos conscientes realizados para sembrar la confusión y la duda, generalmente con la intención de vender un producto o  conseguir una acción favorable a nuestras intenciones; así es como el estudio del vil acto de embaucar y mentir a los consumidores, o sea a todos nosotros, ha alcanzado el dudoso honor de convertirse en una ciencia.

El investigador de la universidad de Stanford Robert Proctor asegura que en las sociedades actuales la ignorancia es poder y la agnotología busca deliberadamente la creación de ignorancia para satisfacer los intereses de compañías como las tabacaleras, interesadas en sembrar dudas con respecto a los efectos de sus productos en la salud humana; no menos útil es para los políticos de muy diverso tipo regados generosamente por la faz de la tierra, especialmente cuando para sus fines requieren la manipulación de la sociedad. Esta nueva “ciencia” es también utilizada por todas aquellas personas e instituciones empeñadas en negar la existencia del cambio climático y sus consecuencias. 

Interesante vulgarización de la ciencia, de lo positivo y de lo deseable en nuestras sociedades, elevando al rango de ciencia la obscura tendencia a mentir con el fin de lograr nuestros intereses. El ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels insistía: “Miente, miente, que algo quedará” y parece que algunos muy avanzados seguidores de semejantes ideas han llegado a la sistematización del proceso de manipular y mentir para poder controlar un negocio, a una población o un alma; la finalidad será siempre someter por el engaño para lograr lo que a mi interés resulta atractivo.

Aunque no deja de ser absolutamente condenable el hecho de sistematizar un procedimiento con el afán exclusivo de mentir para  hacernos consumir como idiotas tantas cosas que son dañinas para nuestra salud, manipular nuestros pensamientos para aceptar tales o cuales políticas o actividades, todo esto llega en realidad ya un poco tarde: los seres humanos tenemos ya siglos de interesante práctica de tan nefasta actividad y aún la ejercemos a diario y con total impudicia.

Miente y controla el esposo o la pareja cuando señala que la situación económica familiar implica que todos se aprieten el cinturón, limitando sus necesidades de ropa o diversión, por supuesto todos menos él; miente cuando las juntas de trabajo nocturnas se convierten en convivencia de copas con los amigos; miente de nuevo al decir que procura el bienestar y convivencia familiar cuando sólo lo motiva el afán de poder y tener; cuando jurando fidelidad de pareja se dedica a consumir a buen precio y con singular desenfado el kilo de carne nocturna.

Miente la mujer al esposo cuando atribulada trata de consolarlo por la falta de hijos, aunque en realidad los evita por no querer dedicar su vida a ellos; manipula la mujer cuando demanda todos aquellos satisfactores materiales que son absolutamente indispensables, pero sin los que se puede tranquilamente vivir; miente cuando, en aras de cultivar su espacio personal, transforma las tardes con sus amigas en citas clandestinas para brindar en otra cama lo que ya no está dispuesta a brindar en la suya.

Mienten los hijos cuando exagerando las necesidades de su escuela demandan todo aquello que no necesitan; también manipulan cuando mostrándose tristes, deprimidos o incomprendidos buscan que sus padres les concedan el automóvil o viaje que supuestamente los consolará; manipulan cuando intercambian palabras cariñosas, abrazos y atención a cambio de ropa, el último celular de moda o el más reciente concierto de su cantante favorito.

En esta red de mentiras para obtener beneficios no pueden faltar el hermano que te aconseja lo que has de hacer para tu bien, obviamente siempre que también sea para el suyo propio, la novia o el novio que te da suficientes razones para dejar a tus amigos porque siente que a él o ella así le conviene.

Y es verdad que hay más gente buena que mala en este mundo, pero no es posible negar la existencia de aquellos que tan contentos utilizan las artes de la nueva ciencia de la agnotología, a ellos les conviene recordar aquello de: “La verdad os hará libres”.

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