19 de Septiembre de 2018

Opinión

Mentiras maravillosas

En millones de ocasiones el ser humano no es quien determina su propio destino...

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Vivimos en un mundo en el que intentamos con denuedo engañarnos a nosotros mismos y engañar a quienes nos rodean, cerrando la visión ante ciertas ingratas realidades que la vida insiste en meternos por los ojos y ante las cuales preferimos inventarnos una serie de cuentos de hadas para no sentirnos rebasados por la brutalidad con la que la existencia llega a tratar a muchos de nosotros. Ante lo horrendo e injusto que puede llegar a ser el tránsito por esta vida nos hemos creado una serie de mitos que tranquilizan nuestros días e intentan anestesiar nuestra alma.

Muy en boga se encuentran cursos de superación personal, desarrollo humano y toda una serie más de actividades destinadas a convencernos plenamente de que el destino de nuestra vida se encuentra irremediablemente en nuestras manos; unos a otros nos aseguramos que todo es posible para aquel que con determinación a toda prueba intente lograr sus sueños; acabamos construyendo un altar de adoración a la capacidad humana de lograr nuestras metas. Armados con todas estas piadosas fantasías, miles y millones de seres humanos intentan sortear la vida, convencidos a tal grado de todas estas ideas; cualquier persona que intente insinuar lo contrario es tachada de negativa, enfermizamente errada y casi loca.

Así nos convencemos de que el hombre es el arquitecto de su propio destino y cerramos los ojos ante la vida que llevaron artistas como Van Gogh, Monet o El Greco, indudables genios de la pintura universal, que sufrieron de una despiadada crítica en su época, condenados, tachados de locos, incomprendidos, viviendo privaciones, muriendo en la miseria y el más absoluto anonimato.

Creadores de arte que seguramente sonreirían socarronamente al asegurarles ahora que ellos fueron los arquitectos de su propio destino, para que ahora sean todos alabados ante los ojos de un mundo que, sonrojado por su absurda incomprensión, eleva al olimpo de la inmortalidad a quienes antes denostó; cambiando la condenación por los halagos intenta restituir para la posteridad el destino que la vida les negó.

El que persevera alcanza, sería sin duda una frase que haría sonreír a Edgar Allan Poe, quien como periodista y novelista sobrevivió siempre con sueldos mediocres, ya que el mundo se negaba a reconocer el genio que sus cuentos y novelas cortas encerraban; incomprendido, presa del alcoholismo y muriendo prácticamente en la miseria, tendrían que transcurrir muchos años para ser reconocido como uno de los más grandes escritores de los últimos dos siglos.

Las historias de Nicola Tesla, Alfred Wegener, Kafka, Galileo y muchos otros señalan con inusitada crueldad que la vida no restituye con justicia el trabajo, esfuerzo o la genialidad que los seres humanos dediquen a su labor y existencia; la vida no es justa, tampoco es injusta, simplemente es indiferente a nuestros méritos; buena parte de lo que acontece al ser humano se encuentra desgraciadamente fuera del control de sus manos.

Así aconteció con las 219 niñas que el grupo islamista radical Boko Haram secuestró en Nigeria y de las cuales se ignora con certeza su ubicación y destino. ¿Acaso es por  lo que han hecho o dejado de hacer que estas niñas viven el infierno al cual se encuentran condenadas?, ¿viven ellas las consecuencias de sus actos?, ¿son ellas las arquitectas de su propio destino?.

Hace algún tiempo los líderes de Estado Islámico publicaron una serie de reglas acerca de cómo deberían de ser tratadas las esclavas sexuales que sus combatientes se apropiaran por medio de la guerra y la invasión de territorios, ¿Qué decisiones tomaron en sus vidas estas mujeres para vivir bajo el infierno que hoy viven?, ¿podemos asegurar que si todas ellas perseveran en alcanzar su libertad así lo harán?, ¿todas irremediablemente disfrutarán de libertad si se empeñan en ello?.

En millones de ocasiones el ser humano no es quien determina su propio destino, no por ello podemos asegurar que somos sólo un barco a la deriva ante el oleaje de la vida; existe un aspecto fundamental que hay que tener en cuenta: nunca, nadie puede saber con certeza si su esfuerzo será coronado por el éxito; el ser humano es en verdad impredecible y se levanta de las situaciones más adversas, por ello nadie conoce con exactitud sus propios límites, por lo que todo hombre y mujer deben luchar hasta su último aliento, ya que nunca se sabe cuándo la vida coronará con el éxito nuestros esfuerzos.

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