26 de Septiembre de 2018

Opinión

Mérida y el transporte sostenible

Reiteradamente se ha dicho que el automóvil privado consume mucho espacio urbano, tanto circulando como estacionado.

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Cada año se fabrican en el mundo más de cien millones de bicicletas, más del triple del número de automóviles; sin embargo, sólo en los países desarrollados, como Canadá, Dinamarca, Alemania y Holanda, e incluso China, son consideradas como medio de transporte, dándoles la misma prioridad que a los automóviles y autobuses en la planeación urbana y el desarrollo de la infraestructura vial.

En los años recientes ha sido muy grande el número de planteamientos que insisten en la necesidad de diversificar y potenciar los modos de transporte sostenible en las ciudades: el transporte colectivo, los desplazamientos a pie y el uso de la bicicleta. 

Esto surge por el desproporcionado papel que ha adquirido el automóvil privado en los entornos urbanos, situación que causa graves costos tanto ambientales como económicos, y también distorsiones sociales y culturales, que afectan a la comunidad.

Reiteradamente se ha dicho que el automóvil privado consume mucho espacio urbano, tanto circulando como estacionado, en relación con el número de ocupantes que suele transportar, muchas veces limitado al conductor, pero también es responsable en buena medida de la contaminación atmosférica y sonora que se produce en las ciudades y de los cambios de comportamiento de los ciudadanos de a pie, al incrementar los niveles de peligrosidad de las calles y disminuir su comodidad, obstaculizando y disminuyendo el libre paseo a pie. Este uso excesivo del automóvil privado en las ciudades produce un efecto negativo en todos los demás medios de transporte, lo que impulsa la elección del automóvil como el medio de transporte menos vulnerable, que a su vez incrementa el proceso de la motorización de la sociedad.

La construcción de infraestructura vial para disminuir los congestionamientos estimula el proceso de motorización, de manera que un tiempo después se retornará a la situación de congestión inicial o peor. Por ello, hay que racionalizar el uso del auto particular potenciando y adoptando soluciones alternativas para cubrir los desplazamientos urbanos: andadores peatonales continuos, transporte colectivo eficaz, cómodo y funcional, y carriles propios para bicicletas que satisfagan las necesidades urbanas.

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