19 de Septiembre de 2018

Opinión

Mérida y sus aguas residuales (2)

La falta de una normativa y de instancias de inspección, vigilancia y operación adecuadas propició la transformación de estas fosas en focos de contaminación.

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Mérida no cuenta con un sistema municipal de drenaje sanitario; desde sus primeros días sus habitantes tuvieron que resolver tanto el abastecimiento de agua como la disposición de las aguas servidas, haciéndose una norma no escrita resolver el abastecimiento a partir de dos fuentes: el agua de lluvia, para beber, y el agua subterránea, para las demás necesidades; manejándose las aguas residuales a través de equipamientos que hasta hace poco carecían de normativa, ahora parcialmente establecida por el Ayuntamiento de Mérida; sumideros, pozos negros y fosas sépticas han sido y son utilizados como destino final de las aguas negras de viviendas, comercios e infraestructura hospitalaria, en un escenario en el que hasta hace no muchos años la fragilidad del acuífero era poco conocida.

La falta de una normativa y de instancias de inspección, vigilancia y operación adecuadas propició la transformación de estas fosas en focos de contaminación de la única fuente de agua dulce en el estado, además del agua de lluvia; esta contaminación fue el origen de las endemias y epidemias que motivaron, hace cuarenta años, la construcción de sistemas de agua potable en las principales poblaciones del estado, hecho que no estuvo acompañado del desarrollo simultáneo de adecuados sistemas de manejo de las aguas residuales; si el acuífero debajo de la ciudad estaba contaminado, la solución fue traer el suministro aguas arriba, sin preocupación alguna por su saneamiento.

En Francia más del 95% de las aguas negras reciben un tratamiento adecuado, pero menos del 50% de los hogares descargan a redes municipales; las viviendas cuentan con una fosa séptica eficiente, con un sistema adecuado de infiltración, fosa que es drenada con la frecuencia necesaria por una entidad público-privada, que conduce las aguas recolectadas a la planta de tratamiento más cercana.

En nuestro caso, pareciera que la solución es satanizar a las fosas sépticas, cuando que, bien diseñadas, construidas y operadas, son la solución más utilizada en los suburbios de todo el mundo; si nuestras fosas cumplieran con lo anterior y descargaran no a pozos sino a sistemas de infiltración subsuperficiales, nuestra realidad sería otra.

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