23 de Febrero de 2018

Opinión

Mes de la juventud

Un sector importante en Yucatán se ha visto invadido por desesperanza y desmotivación, al punto de que la depresión y el suicidio se han vuelto un verdadero problema de salud pública.

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La juventud es una etapa que todos vivimos, donde creemos que podemos decir, hacer, soñar, planear e intentar todo lo que se nos ocurra; es una etapa efímera, tan efímera que cuando nos percatamos de sus bondades es porque se ha ido. 

Mientras tanto, algunos aventureros la definen como una etapa del alma, la cual durará cuanto uno esté dispuesto a llevarla en su ser; sin embargo, para el Estado es un lapso que dura entre los 15 y los 29 años.

Es una etapa importante, en ella desarrollamos nuestras habilidades, conocimientos bases, metas, percepciones e ideas eje, elementos que nos harán más fácil o más difícil la vida. Y a pesar de que a este grupo de edad se le asocia con una vida llena de esperanza y oportunidades, la realidad en nuestro país dista de eso: de acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos, en México el 44.9% de los jóvenes se encuentran en situación de pobreza, limitando sus oportunidades de educación, salud, empleo y participación social. Y aun en este contexto se les responsabiliza del “futuro de nuestro país”.

¿Cómo pueden ser responsables del futuro, si no se les proporcionan las herramientas necesarias para tomar sus propias decisiones? Y peor aún, cuando tenemos un grupo de jóvenes empoderados, pensantes y que sugieren cambios a través de manifestaciones pacíficas se les considera grupos de choque, personalidades que requieren control, vigilancia y limitaciones.

Los problemas que afectan a nuestra sociedad se agudizan en la juventud, una realidad es que un sector importante en Yucatán se ha visto invadido por desesperanza y desmotivación, al punto de que la depresión y el suicidio se han vuelto un verdadero problema de salud pública, aunados a las enfermedades y problemas de salud prevenibles, como los embarazos a temprana edad y las infecciones de transmisión sexual (ITS). 

Las causas son múltiples y sistemáticas: la violencia de género, la falta de acceso a la educación o el abandono afectivo de los padres, que se agrava cuando se vive en situación de pobreza y vulnerabilidad.

Nuestro país es tan heterogéneo y tan desigual, que la problemática que vive la juventud es diversa y complicada, para su solución son necesarias políticas públicas transversales; es decir, programas y acciones gubernamentales que impacten en todas las secretarías, institutos, comisiones y órdenes de gobierno, donde el objeto de acción sean realmente los jóvenes, donde se les considere sujetos de derecho capaces de elegir y expresar sus necesidades sentidas e involucrarlos en las soluciones de sus problemas.

Y si bien Yucatán es uno de los pocos estados que tienen una Secretaría de la Juventud con programas específicos para la atención de jóvenes, es necesario trabajar más en el empoderamiento de los mismos, que sean ellos los encargados y vigilantes de la toma de decisiones, regulaciones y proyectos; es por eso que me congratula saber que existe una convocatoria pública para integrar un Consejo Estatal de la Juventud, un muy buen primer paso para que Yucatán Joven continúe creando oportunidades y rompiendo los ciclos de desigualdad.

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