15 de Octubre de 2018

Opinión

Mesías 2.0

Los mexicanos somos curiosos, y dentro de nuestras peculiaridades está la necesidad de tener fe, no importa en qué o quién...

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Los mexicanos somos curiosos, y dentro de nuestras peculiaridades está la necesidad de tener fe, no importa en qué o quién, el punto es creer, y en nuestra continúa y sinfín búsqueda de un ideal, en las redes sociales dejamos una estela de decepciones y líderes desechados. 

Las teocracias indígenas, nómadas o sedentarias, fueron el primer caudal de líderes mesiánicos. De los naturales de estas tierras, pasamos a los reyes, de esta, a las figuras de la Independencia, a los generales de los levantamientos, hasta llegar a los “santones” Benito Juárez y Porfirio Díaz, y de estos, a los presidentes-tlatoanis, como los definiera Enrique Krauze.  

Los usuarios de redes sociales son un ejemplo “casi perfecto” de que esta necesidad ideológica sigue arraigada en la sociedad mexicana, que gracias a las plataformas digitales, trasciende ya nuestras fronteras. El caso Ayotzinapa demostró al colectivo de internet que el centro, la derecha y la izquierda política, están coludidos con el crimen organizado y la corrupción, haciendo que la búsqueda de figurines saliera de nuestras fronteras. 

En las pasadas semanas, José Mujica puso en evidencia la irracionalidad de muchos usuarios de Twitter y Facebook, que encarnaron en el presidente uruguayo al “político ideal” por su “demostrada” pobreza y falta de ambición, a pesar de que las mismas pruebas de honestidad serían rechazadas en cualquier otro actor político nacional, dejando en la lona la supuesta beligerancia y racionalidad de las redes sociales. Además, la llegada a México de Adán Cortés tras su expulsión de Noruega, demostró que cambiar la televisión por internet no hace más inteligentes a los mexicanos, pues los “cibernautas” volcaron en él títulos tan grandilocuentes como “héroe” y “ejemplo nacional”, por hacer y lograr nada más que su propio “endiosamento”,  de la mano ingenua de los supuestos bien informados twitteros y en detrimento de causa que estos afirmaban defender. 

Podemos vaticinar el desenlace de esta historia, pero eso no es lo importante; lo triste es ver cómo los mexicanos seguimos buscando una figura paternalista; cómo perdemos la oportunidad de utilizar las nuevas tecnologías de comunicación para cambiar nuestra realidad política, y lo que es peor, cuando estamos a punto de conseguirlo, entregamos nuestro trabajo a una figura mesiánica y popular, con mucha mayor facilidad con la que los “bots” tumban los “hashtags” de #YaMeCansé. 

Los usuarios de Twitter y Facebook se jactan de estar mejor informados, pero su reacción fanática ante casos como el de José Mujica y Adán Cortés, demuestra que la respuesta a nuestra orfandad política está en la falta de conciencia para asumir nuestro papel como ciudadanos, más allá de la participación activad en las redes sociales. A fin de cuentas, hasta los “tweets” se los lleva el viento. 

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