24 de Septiembre de 2018

Opinión

Mientras lata el corazón

Hay que vivir con entusiasmo, gracia y humor. Cuando amamos a los demás podemos estimularlos y contagiarlos de nuestro buen ánimo y visión positiva de la vida.

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No podemos cambiar nada hasta que lo aceptamos. El rechazo no libera, oprime.- Carl Jung, psiquiátra y psicólogo     

Hay un momento para cada cosa; la vida tiene un ciclo natural. Al aceptar esta verdad alcanzamos un nivel diferente de consciencia y una perspectiva más amplia del misterio de la vida. Ya no juzgamos con ligereza si un acontecimiento es bueno o malo, porque la experiencia nos enseña que necesitamos ampliar nuestra perspectiva al respecto. 

Es importante acompasarnos con los ritmos de la vida. Si estamos atentos sabemos cuándo es el momento de un cambio. Se da uno cuenta de la pérdida de tiempo y energía que es preocuparse, culpar y lamentarse. Lo bueno es aceptar la vida como es y no como uno quiere que sea; así se puede avanzar, ya que dejamos de oponer resistencia a la realidad. Cuando aceptamos la realidad y nuestra incapacidad para controlarla, cuando aceptamos nuestras limitaciones y las de los demás, sólo entonces es posible asumir la propia responsabilidad. Ya no hay quejas ni culpas porque abandonamos el viejo “yo” y construimos una nueva realidad personal. Ya no se intenta maquillar o querer cambiar las circunstancias sino que se aceptan y se encara la realidad, para sacarle el máximo partido a la situación. 

Con creatividad y estrategias podemos recrear la propia vida. Comprender sus diferentes etapas nos permite crear nuevas maneras de vivir empleando el “tiempo” de algunas maneras ingeniosas que brinda ese ¡único y maravilloso día! Descubrimos recursos que no conocíamos valiéndonos de nuestras propias fortalezas e inteligencia. 

Se puede encontrar un nuevo sentido de vida como dice Hermann Hesse: “Sabes muy bien, en lo más profundo de tu ser, que sólo hay una única magia, un único poder, una única salvación… y que se llama amor”. Para mí, esto es utilizar mi creatividad con una intención afectiva: planear como amar y servir a los que nos rodean. Aprender a compartir el bien, aprender a amar para iluminar otras vidas y descubrir que así la nuestra también se llena de luz. Comprobar que la amabilidad es una bendición ya que se disfruta mucho más la sonrisa de contento, que nos brindan aquellos a quienes servimos y amamos, mucho más que cualquier recompensa económica, prestigio y/o reconocimiento. 

Hay que vivir con entusiasmo, gracia y humor. Cuando amamos a los demás podemos estimularlos  y contagiarlos de nuestro buen ánimo y visión positiva de la vida que está en este preciso momento.  

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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