16 de Agosto de 2018

Opinión

Mientras nos vamos...

El don de la vida es tan valioso que cada persona merece cuidarse y cuidar al prójimo necesitado con alegría, respeto, dignidad, justicia y comprensión.

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Un viejo no puede hacer lo que hace un joven; pero  lo que hace, lo hace mejor.-  Anónimo  

El don de la vida es tan valioso que cada persona merece cuidarse y cuidar al prójimo necesitado con alegría, respeto, dignidad, justicia y comprensión, de tal manera que reconozcamos lo importantes, irremplazables y dignos que somos. 

Parece ser que solamente en la etapa de la juventud el ser humano tiene valor y oportunidades. Envejecer se torna una terrible experiencia. Muchas personas se resisten a aceptar esta etapa de la vida (natural e inevitable) e invierten tiempo y dinero para lograr una apariencia de juventud. Otras, se deprimen y se aíslan ideando enfermedades hasta que la muerte los libere, pues han perdido el sentido de vida. 

Sin embargo, si reconocemos la bendición de estar con vida podemos disfrutar los “años dorados” planeando propósitos y metas. Es cuando se cuenta con más tiempo para experimentar, aprender y practicar lo que tal vez se deseó y se pospuso por las responsabilidades inherentes al trabajo, a los hijos, apoyo al cónyuge, etc., y ahora, con menos miedos, más experiencia y sabiduría nos atrevemos a diferentes actividades placenteras y hasta a tener empleo. Es cuestión de actitud. 

La vida no termina a los 50, 60 años o más. Ya quedaron atrás las etapas de procreación, de trabajo afanoso, de ayudar a otros a crecer; ahora es como empezar a vivir estando más completos, vivir con más sosiego aceptando la responsabilidad de nuestros actos, de nuestras elecciones, decisiones y sus consecuencias. No hay por qué culparse, pues, en su momento, dimos lo mejor que pudimos, lo mejor que teníamos en las circunstancias de aquel entonces. 

Muchas veces los familiares son los que impiden que el adulto mayor sea autónomo y productivo porque en su afán de protegerlo evitan que desempeñe algún quehacer y lo minimizan. Los adultos mayores pueden elegir explotar sus potencialidades con la actitud de: “Quiero aprender algo nuevo; quiero estar ocupado/a; quiero estar contento/a, sentirme bien y ser optimista”. 

Todo alrededor se iluminará y serán protagonistas de su presente, mientras llega el momento de dejar esta vida  e ir a la otra, pero eso sí, ¡disfrutando!  

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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