21 de Septiembre de 2018

Opinión

Militares gorditos

El exceso de peso es una de las causas más comunes de retiro forzoso en las Fuerzas Armadas, pero hay que reconocer que esa condición es propiciada por uno mismo.

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Conocimos a varios. A pesar de su corpulencia, “le echaban los kilos” en instrucción militar, en las maniobras, ejercicios y deportes. A veces, hasta superaban a los que estaban “en forma”. Eso sí, sufrían a la hora de las promociones para ascenso, pues el primer requisito es tener peso según talla; entonces venían el ejercicio extenuante y las dietas rigurosas hasta dar el peso en la báscula. 

Al desencanto de quienes se rezagaban en los ascensos seguía la baja o el retiro por incapacidad al aplicarles la temida “tabla de padecimientos” de la Ley del Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas Mexicanas (Issfam). Pero ahora se ha hecho justicia a los militares gorditos que le echan fibra, y a otros que padecen enfermedades como diabetes, hipertensión y VIH.

Un reforma que el miércoles entró en vigencia establece 20 padecimientos en los que pueden caer soldados y marinos, que por producir trastornos funcionales de menos del 20 por ciento ameritan ser cambiados de especialidad, de operativos a administrativos, pero ya no serán dados de baja con el estigma de incapacidad. 

Los antecedentes de estos cambios datan de 2010, cuando la Suprema Corte de Justicia determinó  que un militar separado del Ejército por sobrepeso fuera restituido al servicio activo, ya que, según la ley, es posible retirar a un militar obeso sólo si los kilos de más le impiden desarrollar su trabajo con efectividad.

El amparo de la SCJN argumentaba que, al dar de baja al quejoso, se violaban sus garantías de igualdad, no discriminación por salud y libertad de trabajo, contenidos en la Constitución.

Y es que, el exceso de peso es una de las causas más comunes de retiro forzoso en las Fuerzas Armadas, pero hay que reconocer que esa condición muchas veces es propiciada por uno mismo, ya que las rutinas militares incluyen acondicionamiento físico, instrucción militar y prácticas en los que se queman muchas calorías, además de que “el rancho” (alimentación) tiene, como dijera en broma algún nutriólogo, las tres hipos: hipocalórica, hiposódica… y poquita.

Anexo "1"

Población altamente vulnerable 

Estos cambios, que se inscriben en materia de derechos humanos en el Ejército, Fuerza Aérea y Armada, iniciaron el año pasado con la reforma a la Ley del Issfam que benefició a militares portadores de VIH, al considerarse que la “seropositividad” no será motivo de retiro o baja. 

Ese primer logro se dio el año pasado y tenía una recomendación de la CNDH, que advertía que las Fuerzas Armadas son un grupo altamente vulnerable a las infecciones de transmisión sexual y al VIH debido a factores como la edad, la movilidad y la cultura de riesgo, entre otros, y que la violación a su derechos humanos era la práctica común en la prueba de detección del Sida, comenzando por su aplicación obligatoria, contra la que señalan las normas internacionales. 

Por ello, los nuevos cambios son, sin duda, otro paso importante en la protección de la dignidad de los militares.

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