19 de Septiembre de 2018

Opinión

Mirándose las enaguas

Los personajes públicos están sujetos al escrutinio minucioso de los demás y deben entender que el único antídoto contra el espionaje es actuar como si siempre los estuvieran observando.

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Jamás ha existido un lugar en donde el espionaje no haya sido utilizado.- Sun Tzu

Debo reconocer que, en relación con el espionaje estadunidense a un candidato presidencial y al titular del Ejecutivo de ese entonces, la clase política nacional ha logrado ampliar los umbrales de mi capacidad de asombro, tanto por su manera farisaica de rasgarse las vestiduras como por sus declaraciones estridentes que, llenas de indignación, exigen enjuiciar al mandatario norteamericano, pero que se conforman con una promesa suya imposible de cumplir.

Porque no se requiere ser muy versado en la política, tan sólo haber disfrutado alguna serie televisiva de intriga, ni tener una perspectiva histórica más amplia que haber visto alguna película de la Segunda Guerra Mundial, o alguna más reciente como Misión Imposible, para estar enterado de los esfuerzos que realizan los gobiernos para obtener información estratégica de los planes de los demás, aliados o enemigos, y que en el caso de nuestro vecino del norte forma parte de su política de Estado, con agencias especializadas que cuentan con gran margen de autonomía.

Pero la labor de inteligencia no se reduce al área pública o gubernamental, sino que cada vez adquiere mayor importancia en las grandes empresas privadas, en lo que se ha denominado “espionaje industrial”, donde los avances tecnológicos con frecuencia  son pirateados por la competencia y las grandes ganancias de los movimientos financieros pueden tener su origen en la  información privilegiada obtenida con antelación, por medios nada ortodoxos.     

Por tales razones, los protagonistas de nuestra vida política no parecen muy sinceros cuando se desgañitan de indignación con la publicación de eventos de espionaje, cuando lo más seguro es que lo hayan practicado y hayan sido víctimas del mismo, incluso en sus propios partidos.

Los que se enojan porque les miran las enaguas generalmente lo hacen porque no pueden ver las ajenas, pero ese comportamiento no corresponde a quienes se precian de observar una conducta de transparencia y rectitud.

Los personajes públicos están sujetos al escrutinio minucioso de los demás y deben entender que el único antídoto contra el espionaje es actuar como si siempre los estuvieran observando.

Sobre impuestos. No cabe duda que cada quien tiene buenas razones para no pagar impuestos y mejores ideas para que se los cobren a otros: los refresqueros quieren que se los cobren a los azucareros, los banqueros a los deudores y los empresarios a los consumidores, pero el colmo es que las empresas que obtienen las mayores ganancias afectando la salud de la gente, como las de alimentos chatarra, refrescos azucarados, bebidas alcohólicas y cigarros, quieran quedar exentos. 

Hizo bien Enrique Peña Nieto en no aceptar el IVA para alimentos y medicinas que proponían las organizaciones patronales, porque hubiera afectado a los consumidores, que somos todos.

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