22 de Octubre de 2018

Opinión

El mito del Wáay Pop de Maxcanú

El sacerdote del pueblo puso su cantina y, cuando salía de noche, levantaba a los borrachos que estaban durmiendo en las calles.

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En tiempos de la fundación de Maxcanú llegó un sacerdote y desde el primer día llamó a misa, pero nadie acudió. Una persona del lugar le dijo que era inútil tocar la campana porque los habitantes adoraban a otros dioses. Entonces el cura le pidió consejo y el señor lo persuadió para que aprendiera magia negra.

El mismo hombre enseñó al sacerdote y pronto se convirtió en brujo. Cuando estuvo listo tomó un petate para que le sirviera como de alas. Se subió al techo de la iglesia y comprobó que ya podía volar.

El sacerdote puso su cantina y, cuando salía de noche, levantaba a los borrachos que estaban durmiendo en las calles. Los llevaba para vender como esclavos o cambiar por licor. 

Cada día desaparecían dos o tres personas. Además, la gente se preguntaba de dónde sacaba el cura tanto aguardiente para vender. 

Se pusieron de acuerdo para espiar al sacerdote. 

En una ocasión el sacristán buscó al cura; sólo halló sus ropas en el techo de la iglesia. Se quedó allí a esperar. A las cuatro de la mañana vino el sacerdote con su cargamento de aguardiente. 

Al día siguiente, el sacristán le comunicó a la gente el secreto del sacerdote. Al saber esto, las autoridades y los habitantes quemaron al sacerdote en una hoguera.

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