22 de Septiembre de 2018

Opinión

Muerte, medicina y cultura

La Medicina nació para conjurar la muerte, nació mágica, y los primeros médicos fueron los chamanes, sanadores y médiums...

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Acabamos de atravesar la fiesta de difuntos y en nuestra cultura el arte  culinario que caracteriza a Yucatán hace gala, con los “pibes” o “mucbil pollos”, que hacen olvidar cualquier tipo de dieta.

En este contexto van algunas reflexiones desde los puntos de vista profesional y cultural: la Medicina nació para conjurar la muerte, nació mágica, y los primeros médicos fueron los chamanes, sanadores y médiums, con poderes para hablar con los espíritus y regresar a los difuntos del reino de las sombras.

Científicamente, la definición de muerte más aceptada en la actualidad es de Bernat: “Es el cese permanente del funcionamiento del organismo como una totalidad”. El Comité Sueco para la Definición de la Muerte expresó: “La muerte es la pérdida irreversible de la capacidad para integrar y coordinar las funciones del organismo, físicas y mentales, dentro de una unidad funcional”. Estas definiciones se refieren a la muerte encefálica total y suponen la pérdida irreversible, tanto de  la actividad intelectual, conciencia, memoria, emociones como vegetativas: respiración, presión arterial, temperatura. 

Los ritos y costumbres funerarios cumplen una función social importante. Las primeras prácticas funerarias de las que se tienen evidencias provienen de grupos de homo sapiens. Entre los mayas se hacía el enterramiento según la clase social del muerto, de tal manera que a la gente ordinaria se le enterraba bajo el piso de la casa, a los nobles se les incineraba y sobre sus tumbas se construían templos funerarios. Los aztecas creían en la existencia del paraíso y el infierno y preparaban a sus muertos para luchar a lo largo de un camino lleno de obstáculos al final del cual los esperaba el Señor de los Muertos.

Los ritos funerarios indican la creencia en otra forma de seguir viviendo, en otra modalidad de existir; representan la transición del ser humano de un estado a otro, se contraponen a la idea de la desaparición absoluta. El funeral y las prácticas religiosas permiten a los deudos expresar su dolor públicamente, el muerto es reincorporado con un nuevo estado social: ya no puede ser criticado, se le perdonan sus faltas y se remarcan sus virtudes. Este recuerdo es lo que lo mantiene en la mente de sus familiares y amigos.

Concluyo invitándote a que, dentro de ese cotidiano devenir, realices acciones positivas, obras para el bien colectivo. Dejar legado que te garantice trascender  es una manera de alcanzar la inmortalidad.

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