18 de Agosto de 2018

Opinión

La muerte de un Wáay Chivo

Miguel le echó hojas molidas de albahaca y ruda al Wáay Chivo, quien, al sentir el contacto en su cuerpo, se retorció de dolor.

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Angel Hernández González escribió que Miguel Lozano, de Sacalum, tenía una novia en el pueblo de Mucuyché, municipio de Abalá, a quien visitaba casi todas las noches. Recorría con su bicicleta el único camino blanco que existía.

En una de esas ocasiones, se le apareció un ser mitad chivo y mitad demonio. Su cuerpo era de color negro y sus ojos saltones y que brillaban como el fuego. 

Miguel intentó huir pero cayó al suelo. Entonces el Wáay Chivo le propinó una severa paliza al joven que tardó muchos días en reponerse. 

Un hechicero, amigo de Lozano, le dijo que su atacante era un brujo de Uayalceh y que estaba celoso, pues a él le gustaba la misma muchacha que Miguel enamoraba. Para ayudar al joven le dio unas yerbas, un perro malix negro y las instrucciones.

Repuesto totalmente, Lozano volvió a sus visitas. El Wáay Chivo se le apareció de nuevo. Pero el perro se le fue encima mordiéndolo ferozmente por todas partes. 

Mientras el can atacaba, Miguel le echó hojas molidas de albahaca y ruda al Wáay Chivo, quien, al sentir el contacto en su cuerpo, se retorció de dolor. El perro ya casi lo despedazaba.

Según testigos, el Wáay Chivo logró llegar hasta la puerta de su casa en Uayalceh. Allí se transformó en humano y murió.

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