20 de Noviembre de 2018

Opinión

Mujeres de teatro

Las mujeres en el teatro, aun cuando seamos vilipendiadas y señaladas como lastres sociales, aportamos vida desde la escena.

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Toda iniciativa a favor de las mujeres y  la diversidad son importantes para avanzar en temas de equidad. Hortencia Sánchez organiza una exposición sobre las mujeres y sus motivos en el teatro. En las mujeres pasa la vida, no sólo en su vientre o en sus senos, también en sus manos que acarician y guían.

Las mujeres en el teatro, aun cuando seamos vilipendiadas y señaladas como lastres sociales, aportamos vida desde la escena. Es arcaico que haya hombres que nos señalen por dedicar nuestra vida a ello. ¿Por qué escogí el teatro?

Mi mamá acostumbraba a llevarme a ver danza y teatro. Un día, veíamos la danza del venado y ella empezó a reírse, señaló junto a mí y ahí, agachado cerca de mi silla, había un bailarín con cuernos de venado, ella hizo cara de susto, yo le hice creer que estaba asustada, me abrazó para tranquilizarme, el venado dio un espectacular salto y cayó al escenario: es el venado más bello que he visto y la sonrisa de mi mamá una fuente de inspiración vital. 

Elegí el teatro porque quiero reencontrar ese momento en que el cruce de miradas creó una convención donde los tres éramos creyentes. Donde las palabras faltan está el teatro, con sus bocas finitas para decir lo indecible. Cada puesta en escena me permite enamorarme, crear universos personales con la piel de los actores. El teatro me ha dado cielos inesperados, lejanos, inasibles que complementan mi persona. Hago teatro porque en ello está mi historia, la de mi madre y mi abuela, la de otras mujeres que desatan sus listones secretos para contar su vida.

Los especialistas dicen que mi teatro es social, testimonial, regional. Yo creo que el teatro es uno: el que hacemos para salvar la vida y creer en algo. Recibo muchas críticas y todas son bienvenidas, pero no pierdo de vista que mis diálogos no son con los estúpidos. Ellos son felices con sus soliloquios: cada quién construye sus escenarios y los míos no van por ese camino. El recuerdo del venado no es como lo digo, lo que contamos en el teatro no es idéntico a la vida.

Eso me seduce; la posibilidad de reinventar los recuerdos. Hago teatro porque no sé y no quiero hacer otra cosa. Para conocer gente con una vida capaz de cambiar el mundo, como las mujeres que están en esta exposición, como las que pusieron alas y pies a este foro. Hago teatro para que las palabras no se vuelvan veneno en mi cuerpo. Porque he dejado de creer un poco en Dios y creo más en el teatro. Dios no va a salvarnos…el teatro…definitivamente sí.

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