19 de Septiembre de 2018

Opinión

Mujeres priistas

Lucelly Alpizar Carrillo es la mujer a la que el grupo del gobernador Rolando Zapata Bello encargó la conducción ordenada del ONMPRI en víspera del proceso electoral.

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Conocedoras del poder, saben de antemano quién lo detenta, quién da la instrucción expresa o tácita, leen los momentos, saben esperar la ocasión, defienden sus espacios, saben cuándo actuar con firmeza y cuándo simular indiferencia. Estamos hablando de las mujeres que durante años han dedicado gran parte de su vida al PRI y sus candidatos, en los grupos de influencia que pueden ser su sección, colonia, distrito o sector o acompañándolos en sus recorridos. Así han trascendido al servicio público, a cargos de elección popular o dirigencia partidista.

El pasado jueves 17, con un cambio en el formato -distante del que estuvo vigente en el pasado inmediato y que nos acostumbró a las batucadas, las pancartas con expresivas muestras de cariño, los espectáculos de entretenimiento para calentar el ambiente-, pero no en el solemne protocolo que permanece en el PRI, se efectuó con disciplina institucional y buen ánimo el cambio de la dirigencia del ONMPRI en Yucatán, y fuimos testigos de la entrega de estafeta con el importante traslado de responsabilidad de conducción y desarrollo de los tiempos electorales que están por llegar.

Lucelly Alpizar Carrillo es la mujer a la que el grupo del gobernador Rolando Zapata Bello encargó la conducción ordenada  de ese sector en víspera del proceso electoral, que hoy más que nunca requiere en su operación de experiencia, ya que la reciente reforma político-electoral otorga el 50% de las candidaturas a las mujeres; la saliente dirigente es la diputada local Elsa Sarabia, quien es una ficha importante del grupo de la ex gobernadora Ivonne Ortega.

Las muestras de institucionalidad en el PRI se manifestaron en la ceremonia de cambio de mando; por ejemplo, la  alcaldesa de Tekax, Carmen Navarrete, comentaba que ya le habían “jalado las riendas” porque “no va” para la diputación federal;  también se filtró que la diputada Sarabia ya tenía en la mano una lista de las próximas candidatas, que obviamente, por razones más que evidentes, no podría coincidir con la que en su momento propondrá la química Lucely Alpizar.

Un hecho llamó la atención, no sólo porque desvirtúa aquel mito de que las mujeres obstaculizan a sus pares, sino porque en sí deja claro que el poder de las mujeres priistas se asocia al sentido de pertenencia, ya que cuando la ex alcaldesa de Progreso María Esther Alonzo se acercó a saludar a la diputada federal María del Carmen Ordaz, le expresó: “Carmita, tú debes ser la próxima candidata para la alcaldía de Progreso, cuentas con mi apoyo y el de la familia Alonzo. Recuerda que Progreso es para los progreseños”.

La respuesta de la diputada federal fue: “Gracias María Esther, coincido contigo, sólo esperaremos los momentos que indique el partido”. Las priistas reconocieron las trayectorias de sus figuras, como es el caso de la fiscal Celia Rivas, la legisladora  local Flor Díaz, la diputada Gabriela Santinelli y la alcaldesa de Hoctún  Flor Acosta.
Mujeres importantes no acudieron al llamado a este evento, como la senadora Angélica Araujo y la diputada federal Guadalupe Ortega.

Se notó la omisión de quien fuera recientemente la presidenta de ese partido, Alaine López.

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