10 de Diciembre de 2018

Opinión

Los nadies

En una democracia sana y funcional la interlocución es un elemento clave para la paz social; sin embargo, jamás debemos volver a permitir lo vivido en Oaxaca.

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El maestro Eduardo Galeano escribió hace un par de años: “Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres”; la pobreza es esa que te quita la voz, las oportunidades y en ocasiones la vida misma.

¿Por qué ante hechos internacionales como un multihomicidio en Estados Unidos, Francia o en algún otro país toda la comunidad internacional y en especial la mexicana se sensibiliza y demanda justicia? ¿Por qué esa demanda es cambiante cuando algo similar a lo que sucede en el exterior pasa en México?

“Que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca”. Oaxaca, Chiapas y Guerrero son los estados en los que hay un mayor número de personas viviendo en pobreza y pobreza extrema (la clasifican en dos para minimizar los porcentajes) y son precisamente estas zonas geográficas donde hay mayor número de manifestaciones, pueblos abandonados por sus funcionarios públicos que sin importar el color no dan la talla para acabar con el rezago en el que durante décadas los han sumido. En Yucatán, de acuerdo con el Coneval, el 55% de la población vive entre pobreza y pobreza extrema, y somos el estado en el que las empresas pagan menos a sus empleados de acuerdo con el Centro de Competitividad de Yucatán y aunque el estado siempre ha sido anti-manifestaciones la chispa está encendida.

Los hechos sucedidos en Nochixtlán, Oaxaca, dieron mucho de qué hablar en todo el país, pero la reacción no fue en su mayoría de sensibilización. Lo que vimos fue a mexicanos que se encargaron de desestimar los hechos, desestimar a las personas “que no son, aunque sean” y es que a los que se manifestaron y fallecieron se les retiró el título de maestros y con eso su causa. Porque, después de todo, para qué luchar por una causa de la que no somos parte? Esa indiferencia sí la conocemos muy bien en nuestro estado, la hermana república de Yucatán, donde no pasa nada y cuando pasa se finge que no pasó.

“Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local”. Hoy en México somos más los que decimos que las cosas deben mejorar y presentamos propuestas para la mejora. No debemos ser indiferentes ante las demandas de los maestros, los médicos y las personas que hablan por los que no tienen voz. En una democracia sana y funcional la interlocución es un elemento clave para la paz social; sin embargo, jamás debemos volver a permitir lo vivido en Oaxaca, donde la interlocución nunca llegó y ante la manifestación lo que apareció fue la represión. Hoy Oaxaca vive una clara ruptura del estado de derecho, y no podemos quedarnos como espectadores con el dicho de que es un suceso aislado o lejano, porque en un país donde “los nadies cuestan menos que la bala que los mata”, la crisis de derechos humanos es tal que lo único que nos queda es cambiar.

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