17 de Enero de 2018

Opinión

Navegante mar

Este año, el Premio Nacional al Estudiante Universitario fue otorgado al joven escritor yucateco Mario Carrillo Ramírez Valenzuela, quien lo recibe por segunda vez.

Compartir en Facebook Navegante marCompartir en Twiiter Navegante mar

Cada año, la Universidad Veracruzana otorga el Premio Nacional al Estudiante Universitario en las categorías de ensayo, relato y poesía. La convocatoria se dirige a estudiantes de todo el país. El prestigio de la Universidad la convierte en núcleo de múltiples experiencias en el campo de las humanidades y el arte y a Xalapa, su ciudad sede, en congregación de artistas e intelectuales.

Este año, el premio de poesía fue otorgado al joven escritor yucateco Mario Carrillo Ramírez Valenzuela, quien lo recibe por segunda vez -la primera fue en 2010-, algo inusitado para una convocatoria nacional. A Mario, una auténtica vocación lo llevó a la Atenas veracruzana para continuar los estudios de literatura iniciados en la Universidad Modelo.

El premio se entregará el próximo 4 de mayo, dentro de las actividades de la Feria Internacional de Libro Universitario (FILU) que organiza la Universidad Veracruzana.

Noticia alentadora que confirma la tradición del fénix literario yucateco. De alguna manera, a través de las épocas, más allá de los estilos y las modas, en Yucatán se sigue escribiendo y bien, escritura que resurge de las aparentes cenizas con el fuego de la juventud. Y digo aparentes porque “viejos” que atizaron esos fuegos todavía soplan: desde nuestro particular olimpo de inmortales, hasta uno que otro superviviente. 

Conocí a Mario el año pasado, apenas un poco después de recibir el primer premio y me sorprendió su modestia, su insistencia reconcentrada en que estaba en una etapa de preparación, cuando yo creo muchísimo más en el arrebato lírico, en el abrazo de las musas, aunque sé perfectamente que el poema es inspiración pero se gana con el sudor de la frente. 

Lo dijo muy bien Mario en una entrevista en 2010:  “…tú puedes estudiar un tratado de retórica y poética, pero si no tienes nada que decir va a quedar algo plástico; por otro lado, si tienes algo que decir pero no tienes esos conocimientos de poética va a quedar un garabato de lugares comunes”.

Aunque yo insisto con “neciedumbre”, como diría Efraín Huerta, en la fuerza de la inspiración, ese soplo misterioso que hace hablar a los dioses a través de un Rimbaud joven, un longevo Sabines o, sin necesitar de médium, de Pita Amor, ella misma una diosa. Cedo la palabra a Mario, con un fragmento de “Aqua”, largo poema con el que obtuvo el reconocimiento: 
 

Navegante mar, circulas dentro de mi pecho con toda tu fauna/ y, sin embargo, tu corazón cabe en la lengua de una cuchara,/ en un vaso donde observo los matices de tus palabras./ Te llevo comprendida en mi sangre, tu nombre en mi lengua,/ Agua, voy a ti con la sed de los náufragos, la amnesia de los enamorados.

LO MÁS LEÍDO

LO MÁS COMENTADO

NOTAS RELACIONADAS

Comentarios

Responder a  Name   
Comentarios
Responder a  Name   
Responder a  Name   
DE:(TUS DATOS)
Nombre
E-mail
ENVIAR A:(DESTINATARIO)
Nombre
E-mail
Comentarios