17 de Julio de 2018

Opinión

Navidad ambiental

Tuvimos un 24 de diciembre insólito, ya que por la naturaleza de las estaciones esperábamos un clima con frío pero en cambio fue una jornada con 34 grados Celsius de temperatura máxima.

Compartir en Facebook Navidad ambientalCompartir en Twiiter Navidad ambiental

En esta ocasión vivimos una Navidad algo distinta a muchas de las anteriores, extraña, con mucho calor y un regalo celestial que no ocurría desde hace 38 años, desde 1977. Este fenómeno se presentó porque durante diciembre la Luna se ubica por encima del horizonte por largo tiempo y en su fase llena tiene una alta trayectoria en el cielo debido a que se enfrenta a un Sol bajo en el horizonte.

Cuando miremos a la Luna en plenitud debemos recordar que la Tierra está íntimamente ligada a su satélite natural, en un encuentro geológico imprescindible para nuestra existencia. Ese momento sin duda dio un plus a nuestra celebración y podría asemejarse a la estrella que guió a los reyes al pesebre  donde nació el Niño.

Sin duda muchos  nos dimos vuelo tomando fotos de ese astro tan pleno en forma y luminosidad que gracias al cielo despejado pudimos observar desde cualquier punto de la ciudad, incluso estuvimos varios minutos mirando al cielo asombrados por ese magno espectáculo. 

También tuvimos un 24 de diciembre insólito, ya que por la naturaleza de las estaciones esperábamos un clima que nos permitiera sentir un poco de frío y poder usar algún abrigo o chamarra, pero en cambio fue una jornada con 34 grados Celsius de temperatura máxima.

Este panorama nos recuerda fielmente que los daños que estamos ocasionando los hombres al entorno natural fuerzan a la naturaleza a generar cambios en la reacción de los ecosistemas y por ende los tiempos del clima son diferentes.

El calor extremo que podemos sentir está asociado de manera íntima a esos daños al entorno vegetal. La reacción que vivimos al parecer sólo es el inicio. Espero que para 2016 podamos poner de nuestra parte y empecemos a realizar acciones en beneficio de la naturaleza y de nosotros mismos.

Podríamos, por ejemplo, ya no quemar las famosas bombitas que además de ser altamente peligrosas contaminan el entorno por la gran cantidad de pólvora que se consume casi al mismo tiempo en varios puntos de la ciudad, e iniciar cambios en nuestra conducta como adoptar las famosas  3 R:  Reducir, Reusar y Reciclar y  de esta manera aportar algo a los procesos de mitigación y adaptación del cambio climático. Nos leemos el próximo año.

LO MÁS LEÍDO

LO MÁS COMENTADO

NOTAS RELACIONADAS

Comentarios

Responder a  Name   
Comentarios
Responder a  Name   
Responder a  Name   
DE:(TUS DATOS)
Nombre
E-mail
ENVIAR A:(DESTINATARIO)
Nombre
E-mail
Comentarios