23 de Septiembre de 2018

Opinión

Negarse a la cólera

Mientras el odio engendra odio y su camino es el de la destrucción, el amor engendra amor y su camino es el del crecimiento.

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A través de los años tenemos múltiples ocasiones de ceder ante la cólera por alguna injusticia o agravio cometido en contra nuestra; en muchos de nosotros aún vive la Ley del Talión, aquella que rezaba: “Ojo por ojo y diente por diente”,  de la que Gandhi dijo: “Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”, y es para meditar el hecho de que reaccionar con enojo y rencor ante un ataque u ofensa es permitir que la ofensa tenga éxito, garantizando que el objetivo de quien nos ofende se cumpla; una segunda consecuencia es que al reaccionar con violencia acabamos permitiendo que el odio engendre odio y nuestro corazón sea su víctima.

Vivimos en una sociedad afecta a la reacción violenta frente a la provocación, es casi bien visto reaccionar con cólera ante las provocaciones, se nos dice con frecuencia que esta o aquella persona tiene un carácter muy fuerte, porque tiende a ser de reacciones muy violentas, como si fuera algo deseable reaccionar de esta forma. 

La paradoja es que estas personas de supuesto carácter fuerte en realidad lo tienen muy débil, tan débil que a la primera situación conflictiva su carácter acaba siendo secuestrado por las pasiones y emociones que dominan su ser, esclavizados por ellas acaban perdiendo el control de sí mismas y respondiendo con el mismo o mayor veneno que el que recibieron.

El carácter fuerte es aquel que, sometido a duras presiones, tiene el temple para sacar lo mejor de sí mismo con el fin de que sus actos acaben siendo siempre en beneficio suyo y de quienes lo rodean; fuerte es aquel que tiene la serenidad de ánimo para no dejarse arrastrar por el enojo ni gobernar por la cólera; fuerte es aquella alma que puede responder ante el mal con el bien. 

Cuando Jesucristo dijo al que te abofetee ofrécele la otra mejilla, al que te pida la túnica ofrécele también el manto y al que te fuerce a andar una milla acompáñale dos, no promovía la debilidad de carácter, sino más bien la fortaleza de espíritu, nos estaba enseñando a vencer el mal con el bien.

¿Qué es lo que genera en el un ser humano el deseo de atacar u ofender a otro? La mayor parte de las veces es el desconocimiento de la realidad de quien tenemos enfrente. Si en verdad pudiéramos comprender en toda su profundidad las motivaciones y sentimientos de la persona que tenemos enfrente, muchos de los enojos y conflictos desaparecerían como por encanto. 

Otra razón muy frecuente es simplemente el egoísmo, cuando hemos crecido o pasado demasiado tiempo únicamente relamiéndonos en nuestros propios gustos y deseos, acabamos convenciéndonos de que tenemos el derecho a dedicar nuestra vida sólo a satisfacernos y quien ose ser una amenaza para nuestras inclinaciones sufrirá los embates de nuestra cólera.

El egoísmo nos convence de que si no somos el centro del universo deberíamos de serlo, socava nuestro aprecio por los demás, limita nuestra tolerancia ante las frustraciones de la vida y acaba susurrándonos al oído que nosotros y nadie más que nosotros merecemos cumplir nuestros deseos; por supuesto con esta manera de ver el mundo y la vida cualquier acto que impida el cumplimiento de lo que esperamos generará una respuesta hostil hacia aquella persona que pueda ser motivo de nuestra insatisfacción.

Si queremos evitar la tentación de reaccionar con rencor ante cualquier ofensa o injusticia en nuestra contra es vital que tengamos en cuenta todo lo anterior. Comprender qué es lo que pasa por la mente y el corazón de quien puede ofendernos de manera colérica es necesario para evitar responder con mal ante el mal. 

Tenemos que empeñarnos en responder con serenidad ante los ataques y no dejar que las emociones tomen la rienda de nuestras acciones. Complicado, pero no imposible, entender que quien te ofende tiene una carencia emocional y conflicto derivado de situaciones emocionales o espirituales no satisfechas.

Jesucristo lo dijo con toda claridad cuando fue crucificado y los soldados se mofaban de El: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”. En esencia quien ataca con cólera no sabe lo que hace, cegado por sus emociones, mezquindades y egoísmo ataca aquello que siente lo amenaza. Tener un poco de piedad por los defectos y carencias ajenas como esperamos que las tengan con las nuestras es un buen camino para empezar a vencer al mal con el bien; si nos permitimos dejar fluir la piedad en nuestros actos el mal no tendrá escapatoria frente al bien.

Mientras el odio engendra odio y su camino es el de la destrucción, el amor engendra amor y su camino es el del crecimiento. Está en nuestras manos decidir qué camino queremos seguir frente a quien montado en cólera nos ataque.

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