22 de Octubre de 2018

Opinión

Negro panorama educativo

Esperemos que podamos ver a más maestros y estudiantes en sus escuelas y no encapuchados en actos vandálicos por la calles.

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Los graves problemas que enfrentamos actualmente en materia educativa fueron una vieja predicción que se hizo realidad con el retorno del PRI a Los Pinos.

Las viejas tendencias posrevolucionarias como el control absoluto sobre el sector magisterial con la decapitación política de la lideresa del SNTE, Elba Esther Gordillo, o bien el control estudiantil a través de la retórica y la manipulación de los jóvenes usando a los hijos de los políticos como medio de persuasión, más que alcanzar los fines y propósitos de una verdadera educación, nos han llevado al desastre social con las consecuencias conocidas.

La política gubernamental y la Secretaría de Educación Pública no han definido una política clara de desarrollo profesional y empleo para los estudiantes que, ante las escasas oportunidades en el campo laboral, se ven atraídos por las actividades delictivas.

Las víctimas más frecuentes del  narcotráfico son los jóvenes y las cárceles están llenas de ellos. Lo que debería ser una política  orientada a ofrecer alternativas en educación y trabajo a los jóvenes, estadísticamente se refleja en el rezago escolar de más del 80 por ciento que abandona sus estudios.

Salir del bache parece imposible, pues hacernos creer que con más exámenes para los maestros se podrá superar la pésima formación educativa que arrastran y que por el examen de oposición  se superarán las bajas calificaciones de los docentes es no querer ver nuestra realidad. Esto tiene que ver mucho con las alianzas de los gobiernos con la burocracia sindical.

Las actuales sesiones de los consejos técnicos escolares en las escuelas no garantizan cambios importantes en la calidad, el desempeño y la cobertura del servicio educativo. No basta conocer cuántos maestros existen en el país, ni los exámenes para ingresar al sistema; es necesario realizar cambios a los miles de maestros en activo, urge redefinir el currículum de la educación básica con  nuevos ambientes de aprendizaje y colectivos de docentes. Y para esto necesitamos más que discursos.

Esperemos que nuestra pesadilla termine pronto y podamos ver a más maestros y estudiantes en sus escuelas y no encapuchados en actos vandálicos por la calles. La vieja política educativa quiere mostrar un rostro nuevo que, sin embargo, no atiende lo que significa educar con justicia y equidad.

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