17 de Noviembre de 2018

Opinión

Neoliberalismo y dictadura

Montalvo expresa una preeminente preocupación por los efectos concretos que un cuarto de siglo de vivencia plena del modelo político ha tenido en las condiciones de vida de los mexicanos.

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El miércoles se presentó en el museo regional de antropología e historia el libro Neoliberalismo. La dictadura (realmente) perfecta, de Enrique Montalvo. El texto es una estación más de una muy larga serie de reflexiones a las que el autor ha dedicado décadas. Sintetiza tanto sus experiencias sociales -que van de lo académico a lo político, pasando por lo cultural y hasta lo artístico- como la evolución del análisis que de estos procesos ha venido realizando sin cesar.

La obra endereza una crítica frontal al modelo económico neoliberal, que se analiza como eje articulador de un más amplio modelo social y político caracterizado por sus iniquidades. Compartiendo las inquietudes fundacionales de casi todos los que nos iniciamos en la política en la izquierda independiente, Montalvo expresa una preeminente preocupación por los efectos concretos que un cuarto de siglo de vivencia plena del modelo ha tenido en las condiciones de vida de los mexicanos.

Desde el desplome del valor adquisitivo del salario, hasta la expulsión masiva y sistemática de nacionales que, con pocas excepciones, año tras año renuncian a vivir en su país y buscan cobijo económico allende el Bravo. Encuentra una vinculación sistémica y estrecha entre estas condiciones y el sistema político, concluyendo que la democracia mexicana se ha vaciado de contenido, pues no importa por quien se vote, el modelo económico mantiene su imperio.

Publicado bajo los auspicios del INAH, hogar académico de Montalvo, Neoliberalismo es una lectura de gran vigencia, intelectualmente provocativa y hasta provocadora que, más que invitar, obliga a la reflexión. Una buena lectura aún si su apretada agenda vacacional de verano le deja poco tiempo para los libros.

(A Enrique me une una entrañable amistad fundada en nuestras discrepancias. Compartiendo un importante conjunto de premisas axiológicas, diferimos en casi todas nuestras conclusiones. No nos ponemos de acuerdo ni para comer, pues él es amigo de la comida sana y sin cadáveres y yo sólo por obligación consumo cosas que no hayan pasado antes por una máquina, o que carezcan de mínimos aceptables de colesterol. Neoliberalismo no es la excepción. Sigo convencido de que partidos y parlamento son instrumentos idóneos para que la sociedad alcance al Estado. Ya vendrán nuevas horas de debate).

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