22 de Junio de 2018

Opinión

Ni carne, ni amor, ni verdad

La agencia Lumi Dolls, con residencia en Barcelona, inició sus actividades comerciales ofreciendo un servicio hasta ahora inédito en Europa: el primer burdel de muñecas sexuales.

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Terminando el mes pasado, la agencia Lumi Dolls, con residencia en Barcelona, inició sus actividades comerciales ofreciendo un servicio hasta ahora inédito en Europa: el primer burdel de muñecas sexuales; el establecimiento cuenta con una variedad de muñecas hiperrealistas cuyos precios oscilan entre los 5,000 y 6,000 euros; al gusto del cliente se puede elegir entre muñecas representantes de muy diversas razas. Los precios por cada “servicio” son muy similares a los que se cobran por tener relaciones con una mujer real; la empresa hace un especial énfasis en la higiene de sus productos y asegura que cada muñeca es escrupulosamente desinfectada después de cada uso; a pesar de ello no duda en recomendar que los clientes usen preservativos.

Es por demás interesante observar cómo una buena parte de los seres humanos se deciden cada vez más por sustitutos de aquello que no pueden o no quieren alcanzar, así ha surgido este nuevo giro de negocios en Europa. Si alguien no puede o no desea establecer una relación que le permita intimidad sexual con una mujer, para eso están empresas como Lumi Dolls, para ofrecer el producto más cercano a la carne, que intenta funcionar como si lo fuera, aunque sea un plástico; algo así como el chupete, que a los recién nacidos no los alimenta pero sí consuela. Probablemente eso sea lo que los consumidores acaben buscando en este tipo de productos: consuelo de lo que se carece.

De la misma manera este mundo nuestro se ha empeñado en encontrar pálidos y tristes sustitutos de aquello verdadero que no se tiene, no se quiere uno esforzar en tener o simplemente no tenemos la más mínima disposición de procurarnos, siendo más fácil encontrar cualquier opción que sea un paliativo, aunque sea parcial, a nuestras carencias.

Así hemos llegado a sustituir la alegría con la diversión, como si el bullicio, la música en alto volumen, las bebidas de todo tipo, videos, películas, juegos electrónicos y muchas otras cosas más nos garantizaran la alegría; así se puede ver a casi una recua de ingenuos persiguiendo afanosamente la diversión en sus vidas, creyentes de que a través de ella encontrarán la alegría, ciegos ante la evidencia de que al acabar el jolgorio su vida vuelve a la realidad y hay que hacer mucho más que dedicarse a festejar para poder alcanzar la alegría en esta vida. Se les escapa de la vista que ciertamente la diversión es parte de la alegría, pero la alegría es mucho más que sólo pretender divertirse.

Siguiendo esta manera de actuar hemos sustituido el amor con el enamoramiento, confundiendo el sentimiento del enamorado con la totalidad del amor que también incluye compromiso, lealtad, decisión, mucho trabajo en común y un muy alto sentido de donación al otro. No es posible negar que el enamoramiento es la puerta de entrada al amor, pero nadie ha de quedarse en la puerta, ya que el amor requiere una madurez que no se encuentra sólo en las mariposas que se sienten en el estómago durante los primeros días de la relación.

Marchamos en medio de la confusión sustituyendo lo original por pálidos consuelos para nuestras necesidades; en este camino hemos llegado incluso a llamar familia a cosas que no lo son. Familia según la Real Academia Española es un “grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas”, también un “conjunto de ascendientes, descendientes, colaterales y afines de un linaje”. A pesar de ello hay quienes por su propia decisión llaman familia a grupos en los cuales incluyen a animales como sus mascotas, o bien llaman familias a simples grupos de personas que no comparten las características de una familia verdadera. Nuevamente acabamos suplantando lo que es por aquello que nos ofrezca algo al menos similar.

Nos vemos llamando pasión a lo que es lujuria o amistad a lo que es simplemente compañerismo; en algunos ambientes también se ha dado el llamar novio o novia a quien simplemente es un amante, manera por la cual resulta que una casada o casado pueden tener una relación de “noviazgo”, incluso acabamos llamando matrimonio a una gran diversidad de tipos de relación que tampoco reúnen los parámetros para denominarlos como tales.

Parece ser que un buen número de seres humanos andan deambulando por el mundo tratando de encontrar lo verdadero en lo falso, en las copias, sustituyendo la carne por el plástico, y la realidad es que así no encontraremos, ni carne, ni amor, ni verdad. 

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