26 de Abril de 2018

Opinión

"Ninis verdes" de hoy, tururú tururú

Mira que hay que tener muy poca entraña para tratar de impedir que diputados y senadores disfruten de la plenitud del pinchi poder.

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Qué la PGR, la Policía Federal, el IFAI, el IFE, la Concanaco, la Femexfut, el Congreso, el SAT, el Banco de México, Hacienda ni qué nada. La única institución verdaderamente confiable y a prueba de corruptelas e influyentismos es el alcohólimetro. Por lo que se ha visto, si Florence Cassez la hubieran metido al Torito, los ministros de la Corte no la hubieran podido sacar ni con 80 resoluciones a su favor.

O sea, si el alcoholímetro con nosotros estuviera, no sería necesario que algunos resentidos sociales estén buscando escatimarle fuero al cuerpo legislativo. Mira que hay que tener muy poca entraña para tratar de impedir que diputados y senadores disfruten de la plenitud del pinchi poder. Si de pronto desaparecen ese plus tan añorado del fuero, ¿quién diantres va a querer llegar al honorable Congreso de la Unión? Ni modo que los políticos se avienten ese trompo a la uña, sin la dicha inicua de estar debidamente blindados.

Lo bueno es que el Niño Verde, ya lo dijo, no requiere de fuero. Y aunque haya quien exija que se deshaga de su mote porque dicen que contiene al menos dos grandes equívocos: ni es niño, sus declaraciones lo ennoblecen. Cuando afirma que “Por hambre, frío y sed pedí el amparo” y “Con cuatro tequilas no te da cruda” desactiva la idea de que es un nene mimado y plantea la idea de un estadistas con gran imaginación para salir de los autosabotajes a los que se somete por el puro placer de que malhablen las víboras.

Digo, cuando se esperaban alegatos como de que en el alcoholímetro lo quisieron chamaquear, y que todo es culpa de las búlgaras que lo querían desacreditar, el ecologista se cubrió de gloria con argumentos contundentes e inobjetables.

Solo le falta al muchacho chicho del Torito gacho demostrar que si bien le gusta el livin la vida loca, está en su derecho de tener un montón de banda trabajando en su partido, para que él nomás vaya de vez en cuando a calentar su predio en el Senado y pueda ser el papaloy de las lobukis. Para ello podría contratar a alguien mesurado como El Piojo Herrera y que funja de su representante. Un personaje que con morigeración le explique a toda la bola de canallas que no comprenden al senador, que lo malvibran, que lo único que lo llevó a manejar su poderoso Mercedes (¿no está padre que los bólidos italianos hayan sustituido a las macuarrísimas Hummers en la real politik?) después de cuatro tequilas fue la humildad. No quiso molestar a sus guaruras ni a sus choferes con sus necesidades.

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