20 de Septiembre de 2018

Opinión

Un niño científico

William Gadoury usó fotos satelitales de Google Maps, en donde localizó el sitio y halló rastros geométricos que sugerían la presencia de una ciudad perdida.

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Uno pensaría que quedan pocas cosas por descubrir en nuestro planeta; sin embargo, cada año se siguen hallando nuevas especies de plantas, animales y microorganismos.

Y la inteligencia humana nos sigue sorprendiendo. Desde hace unos días circuló la noticia de que un joven canadiense de 15 años, William Gadoury, había descubierto, usando Google Maps, las ruinas de una antigua y olvidada ciudad maya.

El genial jovencito se había interesado en la arqueología maya a partir de las predicciones del fin del mundo de 2012. William observó que muchas de las antiguas ciudades mayas se hallaban en zonas inhóspitas, montañosas, lejos de ríos. Se preguntó por qué, y sabiendo por sus lecturas que los mayas rendían culto a las estrellas, se le ocurrió que quizá la situación de las ciudades obedecía a un patrón estelar.

Demostrando un auténtico espíritu científico, William decidió someter a prueba su hipótesis. Usando un manuscrito maya, localizó 23 constelaciones y las acomodó sobre mapas de la zona. Descubrió que, en 22 casos, la localización de las antiguas ciudades mayas coincidía con la de las estrellas.

Para la constelación 23, dos estrellas correspondían a ciudades, pero una tercera no. ¿Podría haber ahí una ciudad desconocida? William pasó a la tercera etapa del trabajo científico: hacer predicciones.

Usando fotos satelitales de Google Maps, localizó el sitio y halló rastros geométricos que sugerían la presencia de ruinas. Contactó a Armand Larocque, experto en geomorfología de la canadiense Universidad de Nuevo Brunswick, quien logró que la Agencia Espacial Canadiense enfocara sus telescopios satelitales en la zona. Se halló evidencia de lo que parece ser una pirámide, una avenida y varios edificios menores. William nombró a la posible ciudad Ka’ak’ chi’, “Boca de fuego”.

El hallazgo se tendrá que verificar. William sueña con poder explorar la zona. Y su técnica podrá ser utilizada por los arqueólogos para futuros descubrimientos.

En resumen: una sorpresa y una muestra de que aun tonterías como las profecías mayas pueden dar origen a fascinantes descubrimientos científicos. Siempre y cuando haya la combinación adecuada de curiosidad, inteligencia, y el indispensable pensamiento crítico.

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