18 de Noviembre de 2018

Opinión

Niños malcriados en la política

Tomando su pelota, abandonan el Pacto por México y se van a esconder a su casa, despotricando, como aquel malcriado.

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Cuando niños nos juntábamos los vecinos de la cuadra a jugar futbol en uno de los tantos llanos de Jardines de San Mateo, en el estado de México. 

Utilizábamos piedras para delimitar la zona de gol y de vez en vez, usando yeso y cal, pintábamos el campo sobre la tierra. Por lo general uno de los participantes era dueño del balón; un balón de cuero que era un gusto. 

Se daba el caso, en partidos especialmente disputados, que el propietario del esférico adoptara una actitud grosera cuando el equipo rival marcaba un tanto que ponía a su equipo abajo en el marcador.  

Excepcionalmente, al aceptar otro gol en contra, el sujeto manifestaba su descontento alegando una falta inexistente o un argumento fuera de lugar, y sin más explicación recogía su pelota, abandonaba el terreno de juego y se suspendía el partido. Ni modo de madrearlo, pero de maricón no lo bajábamos. 

También ocurrió que a los pocos minutos el inconforme, acompañado de su papá, regresaba a la cancha, pedía una disculpa y sin pensarlo mucho reanudábamos el cotejo. Acabado el partido, nos contó que su padre le llamó la atención y fue terminante: “No te metas a jugar si no aceptas perder y mucho menos uses la prepotencia ante tus amigos”.

Por supuesto que aquel señor fue una especie de héroe por poner en su lugar a su hijo y de paso enviar un mensaje para todos.

Se entiende que muchos adultos que componen los partidos políticos no tuvieron un ejemplo como el referido, y cuando no están de acuerdo, tomando su pelota abandonan el Pacto por México y se van a esconder a su casa, despotricando, como aquel malcriado. Ya no podemos llamar a eso una mariconería, como antes, porque ahora está prohibido, pero se piensa: ¿Para qué se meten entonces a representar una población electoral con un ejemplo tan bochornoso? 

Tal vez pensarán en su discurso y disminuida autoestima que a los mexicanos nos basta ver el trasero del avestruz, moviendo la cola, con la cabeza enterrada en la arena.

Se gastan millones y millones de nuestro dinero y cuando se sienten rebasados por el bien común −que no el propio a su partido, magdalenas llorosas− se salen por la puerta de atrás. La política requiere templanza y coraje para no salir corriendo, lloriqueando, y un padre que tenga los tamaños y la sabiduría para educar y ser ejemplo.
Vaya biem.

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