20 de Septiembre de 2018

Opinión

No entendemos la corrupción

Si pudiéramos comprender la corrupción, casos como el de la lideresa sólo podrían imaginarse en el sector privado.

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Si entendiéramos la corrupción en México, Elba Esther no hubiese sido capaz de utilizar 2,600 millones de pesos del dinero de los maestros para cirugías estéticas, aviones, pilotos, compras en la lujosa Neiman Marcus, galerías de arte, casas en San Diego, transferencias a Suiza, Liechtenstein y a su fallecida madre.

Si pudiéramos comprender la corrupción, casos como el de la lideresa sólo podrían imaginarse en el sector privado.

¿Es la corrupción un crimen? No dudaríamos en decir que sí, pero cuando nos juntamos con amigos y familia a discutir sobre el crimen, pensamos en narcotráfico, homicidios, violencia, secuestros, violaciones… no hablamos sobre corrupción, pues nos hemos acostumbrado a ella.

Aun sabiendo que la corrupción impera en nuestro país, ¿somos capaces de concebir la magnitud del problema? Pensamos que siempre ha estado y siempre estará, pensamos que no sirve de nada aprobar leyes o crear dependencias anticorrupción, pues supondremos que sólo se encargarían de organizar la corrupción, en lugar de eliminarla.

Y eso es un mito. Una creencia pública peligrosa que sólo está fomentando nuevas Elbas.  

Somos demasiado ignorantes para destituir a un político o una administración corrupta: tenemos que esperarnos a que la evidencia nos aplaste para actuar. Somos cobardes y desorganizados para evitar este desastre, como los maestros que nunca derrocaron a su lideresa.

Los incentivos pueden debilitar la corrupción… Imagínense que a Elba Esther le inyectaran la muerte una vez encontrada culpable. Cualquiera diría que los países que aplican la pena de muerte en estos casos (como China e Irán) siguen siendo de los más corruptos. Aunque el cuestionamiento real es: ¿cuánto más corruptos serían sin esta política?

Nos divertimos convirtiendo a Elba Esther en un enemigo público más grande que El Chapo, ¿y después?
La detenemos en nombre de la corrupción nacional… ¿y después?

Si Elba Esther Gordillo no es encarcelada de por vida, México vivirá uno de los fomentos a la corrupción más grandes de su historia, pues el incentivo más grande a este crimen económico es la impunidad.
Es nuestro turno como ciudadanía: no permitamos que se consume el trauma nacional de su liberación.

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