11 de Diciembre de 2017

Opinión

No es vergüenza robar, sino que te agarren

Cuando ya hemos vivido tantos años en la pequeña capital política de este extraordinario estado de Quintana Roo, leer o escuchar sobre el latrocinio que cometen nuestros “servidores públicos” malamente se va convirtiendo en costumbre, en algo cotidiano que, lejos de atrapar nuestra atención, pasa al olvido en unos meses.

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Cuando ya hemos vivido tantos años en la pequeña capital política de este extraordinario estado de Quintana Roo, leer o escuchar sobre el latrocinio que cometen nuestros “servidores públicos” malamente se va convirtiendo en costumbre, en algo cotidiano que, lejos de atrapar nuestra atención, pasa al olvido en unos meses.
 
Si no, pregúntele a mi amigo Moisés Pacheco Briceño, ex presidente de la Comisión Estatal para la Juventud y el Deporte (Cojudeq), quien actualmente maneja el profesor Normando Medina Castro con gran dificultad, porque lo que hoy escasea es lo que ayer se llevaron con total impunidad.
 
Al “Huesito” le bastaron unos meses como delegado de su partido tricolor en José María Morelos para que la mayoría de los chetumaleños olvidara que, junto con Luis Manuel Pérez Aké, desaparecieron cinco millones 985 mil pesos.
 
¿El castigo? Cinco vueltas a la cancha y 25 lagartijas cada uno. Y no es que el profe Medina sea un dechado de virtud y entrega. Sucede que entre sus colaboradores hay pillos tan corrientes como negligentes. Y aquí le va el asunto: ¿Recuerda el equipo de remo que recién compitió en un evento nacional organizado en Monterrey, Nuevo León, a poco más de dos mil kilómetros de Chetumal? Sí, los mismos chicos (más bien, chicas) que han pintado de color dorado el nombre de Quintana Roo en tantas justas allende las fronteras, que les valió el Premio Estatal del Deporte 2011 y becas de apoyo para sus estudios.
 
Bien. Para ese recorrido, el equipo tendría que acarrear sus botes, remos y demás equipamiento en un remolque que da poco menos que lástima, pero que en las condiciones financieras actuales cumple su función… si un negligente empleado hubiera cumplido la orden de repararlo y darle mantenimiento, no una simple “chaineada”. El taimado José Heriberto –que está bajo las órdenes de Benjamín Eljure, del departamento de Servicios Generales– le dio una raspada y una pintadita sin prestar atención al enorme error en el que incurría.
 
La suerte del indio ya la quisiera su patrón: El remolque fue y vino sin presentar problema, salvo el detalle de que José Heriberto metió una factura apócrifa por tres mil pesos por el trabajo de reparación y mantenimiento del mismo transporte que él medio compuso con martillo, cincel y brocha. ¿Sabrá de esto don Benjamín?
 
¿Y el presidente de la Cojudeq? En los próximos días tendremos la respuesta. Por lo pronto, con transas de tan baja calaña, exponiendo equipamiento sumamente costoso y, sobre todo, la seriedad del organismo que, hablando de contiendas deportivas, representa a Quintana Roo, no restaría menos que patearle el trasero a tan irresponsable y hasta barato individuo, y dar una buena enjabonada al responsable de supervisar que las órdenes se cumplan.
 
Y en otro escenario, quienes obtuvieron una más que oportuna respuesta fueron los  secretarios del gabinete gubernamental, que disfrutaron del pago de sus prestaciones de fin de año antes que nadie, mientras que en el Ayuntamiento de Othón P. Blanco los directores de área seguían esperando que les tirasen un lazo, pues el resto de los trabajadores ya cobró su caja de ahorros y los mandamases seguían en stand by. Digo, mi gallo de cabecera cantó el dato ipso facto y yo lo comparto con ustedes con la misma prestancia.
 
Las cosas en el Ayuntamiento capitalino no mejoran, pero para los que no gozan de la gracia del mandamás, a quien poco parece ocuparle el desprestigio que logró consumar, a grado tal que no hay institución financiera que se la juegue con él. No vaya a ser que les aplique la misma mística con la que pretendió lavar el cerebro a los empleados municipales, invitándolos a trabajar, no por la motivación monetaria, sino por un desarrollado instinto de servir a la comunidad (¿¡!?) ¡Pero claro!, que los trabajadores se encomienden a la Virgen del Tepeyac y se acostumbren a comer huevito con frijol y tortillas de aquí en adelante.

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