22 de Septiembre de 2018

Opinión

No hagas tu pequeño holocausto

Elimina de tu entorno todo lo que tenga que ver con la violencia en todos los campos donde te muevas. Sé tolerante con los derechos de los demás. No respondas a la violencia con violencia.

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Hoy el mundo recuerda con horror que el 27 de enero de 1945 las fuerzas soviéticas entraron en los campos de concentración de Auschwitz, Birkenau y Monowitz y lograron liberar a unos 7 mil prisioneros al borde de la muerte.

Cifras que nos hace llegar la ONU nos indican que entre 1940 y 1945 fueron llevados a esos campos de muerte 1.3 millones de personas, de las cuales un millón 100 mil fueron “asesinadas por las autoridades del campo”.

Este comentario no pretende anatematizar o condenar a quienes perpetraron este crimen contra la humanidad, NO. La Historia y las leyes universales ya  los juzgaron. 

No olvidemos lo que dio origen al “Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto”.

Nos toca ahora reflexionar y hacer todo lo posible para que estos horrores, de los cuales no puede estar orgullosa la humanidad, no vuelvan a repetirse. Pero, ¿cómo hacerlo yo?, acaso te preguntarás amable lector o lectora.

Es muy difícil, aunque al mismo tiempo sencillo: elimina de tu entorno todo lo que tenga que ver con la violencia en todos los campos donde te muevas. Sé tolerante con los derechos de los demás. No respondas a la violencia con violencia, y cuando seas agredido recurre a tus autoridades, a las leyes, normas y reglamentos que como sociedad te has dado tú mismo o misma, para resolver las diferencias que puedan entorpecer tu marcha pacífica.

Educa a tus hijos e hijas con amor, ama a tu familia y por sobre todas las cosas ámate a ti mismo o misma.

Así estarás contribuyendo a la construcción de un mundo donde el respeto y la tolerancia sean las divisas de una sociedad más justa, más comprensiva, para que no sigan dándose las guerras fratricidas como todavía sucede en algunos países del mundo.

Y ¿por qué no decirlo? Incluso en el seno de nuestras familias.

¡No hagamos nuestro propio holocausto con los seres que nos aman!

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