19 de Septiembre de 2018

Opinión

No hay más que pintura

A la vasta obra de Fernando Castro Pacheco, que va desde el mural hasta el grabado, se une su labor como formador de gentes.

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“No hay más que una pintura: la buena o la mala.” Con estas palabras de Fernando Castro Pacheco, encabeza el Museo de Arte Moderno de Yucatán (MACAY), en su página electrónica, la presentación de la obra del artista, uno de los grandes de la plástica mexicana y yucateca, a quien dedica una de sus salas permanentes.

Don Fernando Castro Pacheco falleció el pasado 8 de agosto un poco repentinamente, después de una larga y fructífera vida en la que nunca abandonó el trabajo. A su vasta obra, que va desde el mural hasta el grabado, se une su labor como formador de gentes. Fue un hombre de oficio, en el sentido de que sumó a una rigurosa formación técnica un quehacer incansable. A pesar de tantos premios y reconocimientos, fue siempre accesible y modesto, en el sentido que lo son los hombres verdaderamente grandes. Hombre fundamentalmente visual, practicó lo que Gracián llamaba “el recatado silencio sagrado de la cordura”.

Lo recordamos con cariño y agradecimiento, pues nos legó aquella forma de sabiduría que menciona Octavio Paz al referirse a Miró y con él a la pintura verdadera: “”¿Y todo esto para qué?...para aprender a mirar y para que las cosas nos miren y entren y salgan por nuestras miradas”. En este sentido, la palabra es sólo extensión, una forma de prolongar la experiencia y la claridad.

Conocí a Don Fernando en los setentas, época en la que condescendía con el puñado de aspirantes a poetas que formábamos el grupo Platero, aportando viñetas e ilustraciones para la revista que nos editaba la Universidad de Yucatán, honor de su pluma sobre nuestros primeros garabatos.  

A diferencia de Alberti, que comenzó como pintor y convirtió su vocación en poesía, Don Fernando fue siempre fiel a la mirada, como aquel pintor ancestral de Borges que es todos los pintores: Soy el que fui en el alba, entre la tribu… Nunca dijo mi boca el nombre de Altamira. / Fueron muchas mis formas y mis muertes.”

A lo largo de su vida practicó la poesía a través de la imagen y la pintura, a la que Alberti retornaría en sus años postreros, como lo dice en esta añoranza, que dedicamos como homenaje a Don Fernando: 

Diérame ahora la locura
que en aquel tiempo me tenía,
para pintar la Poesía,
con el pincel de la Pintura.

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