16 de Diciembre de 2017

Opinión

“No hay, no hay”

Para el alcalde capitalino Carlos Mario Villanueva Tenorio y el tesorero Joel Sauri Galué no fue difícil convencer a los facilotes diputados para que les autorizaran pedir un jugoso préstamo por 272 millones de pesos.

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Para el alcalde capitalino Carlos Mario Villanueva Tenorio y el tesorero Joel Sauri Galué no fue difícil convencer a los facilotes diputados para que les autorizaran pedir un jugoso préstamo por 272 millones de pesos, aunque el municipio está ahogado en deudas. Pero con los banqueros, la historia es diferente. 
 
Y es que hasta el momento ningún banco se ha querido echar el paquete de prestarle tan enorme cantidad a un municipio que prevén no tenga capacidad para pagar su deuda, y  además no tiene cómo garantizar tal empréstito.
 
¡Así no es negocio pues!, piensan los astutos banqueros, que conocen muy bien la mala calificación crediticia del municipio y las endebles finanzas, que difícilmente les permitirán afrontar el adeudo.
 
La cosa es que con esta espera, si algún banco se anima a soltarles el dinero a Carlos Mario y el tesorero Joel, les cobrarán intereses de locura, aprovechándose de su desesperación. 
 
Mientras tanto los regidores se lamentan de que este dinero solicitado para “salvar” al Ayuntamiento no haya entrado a las arcas de la Comuna, pues les preocupan los compromisos que tienen que cumplir este diciembre con los trabajadores, o al menos eso dicen. 
 
¿O será que les preocupa que no les den el préstamo porque les tocará una tajadita del pastel?
 
Urge cantarles las golondrinas
 
Con el nuevo presidente de la República, Enrique Peña Nieto, es un hecho que muchos –si no todos– de los delegados federales tendrán que empacar las maletas, pero si hay un par de fichitas a los que los mismos ciudadanos piden que se les despida a la voz de ya son Héctor Tovar y Jorge Río Pérez, delegados del Issste y del IMSS.
 
Estos dos personajes que despachan mayormente desde el municipio de Benito Juárez, han ocupado la delegación como una agencia de empleo para sus cuates y familiares, mientras los trabajadores y pacientes de las clínicas, que es donde se ve realmente el trabajo de estas instituciones, pasan las de Caín cada día. 
 
Las instalaciones de la clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social en el municipio de Othón P. Blanco están para llorar y las carencias de materiales y medicamentos son el pan nuestro de cada día. 
 
Además, el personal encargado de atender anda generalmente de mal humor por el exceso de trabajo, lo que se agudiza cuando por culpa del delegado dejan de percibir prestaciones que forman parte de su pago. 
 
Los que pagan los platos rotos son los pacientes, que tienen que dejar la v ida en las manos de estos galenos y enfermeros mal encarados que los atienden como si les estuvieran haciendo un favor. 
 
Por su parte, la clínica del Issste se lleva los aplausos constantemente, pero de las funerarias capitalinas que sin duda recomiendan a todo el mundo que internen a sus familiares en este nosocomio.

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