19 de Octubre de 2018

Opinión

No somos Charlie. Somos Frank

Internet nos permite opinar sobre cualquier cosa que ocurra en el planeta. A sólo un clic, la información sobre los acontecimientos en una parte del globo se convierten en asunto de todos...

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Internet nos permite opinar sobre cualquier cosa que ocurra en el planeta. A sólo un clic, la información sobre los acontecimientos en una parte del globo se convierten en asunto de todos, y cada quien le agrega un toque especial para transformar un hecho “aislado” en uno de repercusiones locales al por mayor… por un momento. 

Bajo esta tesitura, las redes sociales demostraron su poder internacional durante la jornada de repudió contra el terrorismo islámico y sus ataques en Francia, moviendo conciencias y generando debates sobre los límites de la libertad de expresión, sin embargo, este intercambio de ideas de los usuarios de la web “brilló” por la falta de contexto y los vagos, pero presentes, intentos de manipulación y crítica hacia entramado de libertades del país galo. 

En el fondo, los “twitteros” y “facebookeros” no son copartícipes del librepensamiento que defendió el “hashtag” #JeSuisCharlie, producto de la visión secular de la sociedad francesa, donde la crítica es el pan nuestro de todos los días sin importar a qué o a quién, pues tanto ridiculizan al islam, como sus políticos o incluso a Jesucristo y defensores de los derechos animales, estos dos últimos, tabú en la sociedad mexicana, dentro y fuera de línea, que sólo acepta la mofa cuando va dirigida a quién no les simpatiza o la “lady” de la semana.  

La gran dicotomía de los usuarios de la red, que clamaron el año pasado el justo reclamo por los normalistas de Ayotzinapa, y el ataque al semanario francés, está en su admiración oculta por las figuras de mano dura como el personaje de ficción #FrankUnderwood, protagonista de la aclamada y recomendada serie de Netflix, “House of Cards”. En un “tweet”, el mexicano pide el respeto a la libertad de prensa y justicia por los jóvenes desaparecidos, en otro, pone como ejemplo de acción política los métodos draconianos de Underwood en su camino al poder, sin reparar en lo incompatible de ambas posiciones.  

Esta situación ejemplifica lo que anteriormente hemos señalado en este espacio, que la red social nos permite –guste o no- sacar a relucir al pequeño tirano que todos tenemos, y que salvo contadísimas excepciones como #votonulo y #yamecansé, los  movimientos que triunfan en México son llamaradas que incendian la web, pero que no sobreviven más allá de tres jornadas, cuando se evidencia la falta de contexto, pues la idea que priva entre los usuarios es entrar a la “ola” que predomine para no quedar fuera de la “fiesta online”, sin conocer qué hay detrás de ellas. 

Así, de dignos modelos para el lienzo “La libertad guiando al pueblo” de Eugène Delacroix, las redes sociales mudan en leales súbditos del presidente #FrankUnderwood, loando su juego sucio  como ejemplo de lo necesita México en sus políticos.  Por supuesto, es una ficción en línea, pero ¿cuántas veces la realidad no ha superado a la fantasía? En Twitter y Facebook, todo el tiempo. 

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